Reseña de la obra de Rhonda Byrne, «The Secret» (El Secreto)

BREVE OPINION PERSONAL

Este libro es y ha sido un elemento fetiche en un momento muy especial en mi vida de cambio y transformación, espiritual, de crecimiento, de aceptación, en múltiples sentidos, también desde el pragmatismo y la practicidad plasmada en hechos ejemplificantes que denotan la justeza en los principios de la búsqueda en el camino. Me explico. La novela es el principio de un camino perenne, caracteriologizante, ideologizante, aspirante a la mejoría, redentor y un acto de contrición conmigo misma que necesitaba asumir de una especie de guía. Eso es lo primordial desde el punto de vista personal. Doy gracias por haber encontrado este libro. Agradecer es una premisa básica importante dentro de los postulados orientativos y canónicos, fruto de las enseñanzas que cada cual pueda encontrar aquí.

UN PROYECTO SECULAR E HISTORICISTA MUCHO MAS ALLA DEL MARKETING NECESARIO PARA SU FOMENTO Y EL VIRTUOSISMO LITERARIO Y CINEMATOGRAFICO QUE PODEMOS ENCONTRAR EN LA MODERNIDAD ACERCA DE SU SENTIDO TRADICIONAL. UNA EXCELENTE GUIA ESPIRITUAL Y ENSEÑANTE, ASERTIVA.

La edición que tengo yo es de Ediciones Urano, del año 2007.

Autora: Rhonda Byrne. (Wikipedia): https://es.wikipedia.org/wiki/El_secreto_(libro)

Sentido y mensaje

Su sentido y mensaje se puede adscribir a lo que denominamos comúnmente como un libro de autoayuda, y sin embargo, considero que es mucho más que eso.

Baste leer el prólogo para encontrar un vértice que abre varios frentes:

-Por una parte, una búsqueda intrapersonal, metafísica y espiritualista de carácter incuestionablemente unilateral, esto es, de sentimentalismo propio, consustancial.

-En segundo lugar, una guía especial y expeditiva, con normas y reglas precisas que te ubican en un vademecum de enseñanzas y resultados prolijos basados en las enseñanzas de grandes maestros, del mismo Universo, dios o el ascetismo más místico al que uno pueda aspirar. Se nombran a estos grandes hombres y mujeres, de manera atemporal, anacrónica, desde tiempos ancestrales hasta la actualidad.

-También se puede interpretar como una experiencia unipersonal literaria y cinematográfica de interés que adelanta una riquísima revelación desde el punto de vista experiencial y vital, a modo de vida, vívida plasmación o reflejo de un secreto filosófico custodiado a partir de innumerables planos de existencia, tanto meditativos como cotidianos. Se trata de aportar una visión universal al mundo como camino vehicular colectivo a través tanto de una película como de un libro directamente vinculados en género y en pensamiento.

Tal y como especifica su autora en el prólogo: «Mi intención al crear El Secreto era -y es- aportar felicidad a millones de personas en todo el mundo. El equipo de El Secreto experimenta el fruto de esa intención todos los días, puesto que recibimos miles y miles de cartas de personas del mundo entero de todas las edades, razas y nacionalidades expresando gratitud por la dicha que les ha aportado El Secreto.»

Nos encontramos con un gran y espléndido equipo de gente variopinta, ligada a la formación, la externalización de enseñanzas, la ayuda profesional, la colaboración corporativa e integradora, etc, que, a su vez, ha supuesto EN ELLOS un seguimiento en un viaje crucial de autodescubrimiento para cada uno de los colaboradores. Tal y como se nos señala en la contraportada por la propia autora «En el transcurso del mismo ha logrado reunir a un fenomenal equipo de escritores, ministros de la Iglesia, productores de cine, diseñadores y editores para que El Secreto viera la luz y para que su visión transmitiera felicidad a millones de personas».

Por otro lado, tampoco es mi intención reseñar exhaustivamente el contenido maravilloso y utilísimo de un manual o novela sistémica que considero que es tanto o más coadyuvante per se considerando la lectura o visionado directo de dicho libro y/o del film que a modo reforzatorio se realizó poco después ya que todo su perfil orientativo es de fácil acceso intelectual desde su sello original, si bien, también existen explicaciones y reseñas muy buenas y de gran calidad, información veraz acerca de El Secreto a través de fuentes fidedignas y fiables.

Tan solo reseñar más específicamente que se tratan leyes espirituales basadas en el Karma, como la ley de la atracción, lo semejante atrae a lo semejante, por ejemplo, mencionado como una idea basal que fundamenta gran parte del sentido objetivo y subjetivo del libro y su significación, así como otros temas y subtemas tales como: el perdón, el agradecimiento a dios, al universo o a la Fuente respecto de las oportunidades y dones que la vida nos ofrece desde el misticismo, la filosofía cuántica, la moralidad, el sentido positivo de existencia, lo bueno que hay en todos los asuntos importantes y sencillos, cómo enfocarse en lo bueno, para atraer lo bueno o vibrar en la frecuencia similar, etc. Las creencias son importantes en tanto en cuanto estén enfocadas en la limpieza de los pensamientos e ideas y desenfocadas de la enfermedad, ya que si se le otorga poca atención a lo malo o a la enfermedad se contrarresta la mala energía. Por contra, hay una enseñanza interesantísima, es decir, enfocarse en que los bienes son abundantes, rechazar u obviar la escasez y la negatividad. Alabar y bendecir los dones y bienes positivos, la bondad, el amor, el cariño, es un emulgente para sintonizar en la frecuencia que te ayude a crecer como persona.

ESTRUCTURA DEL LIBRO. LA SENCILLEZ HECHA PALABRA ESCRITA.

-Prólogo.

-Agradecimientos a todos cuantos han colaborado de alguna u otra formas en este amplio proyecto.

-Enseñanzas guiadas de diversos maestros y un resumen simplificado al final de cada capítulo a modo de síntesis recordatoria.

-Las enseñanzas fundamentales están enfocadas de forma vinculante, al dinero, a las relaciones, a la salud, al mundo, a uno mismo, a la vida.

-Por último, al final de la obra se integran las biografías de los diversos colaboradores y maestros contemporaneos y coetáneos de Rhonda Byrne, coautores también de El Secreto en cuanto a perfilar su sentido vocacional y espiritual, fomentando la asertividad y la empatía en todo momento.

Quien quiera adquirir mayor información existe una gran rigurosidad orientativa en Internet que hace mención directa, si se prefiere, a las bondades y al buen entendimiento cognitivo, espiritual y psicológico respecto de lo que en sí mismo representa El Secreto.

Gracias a todos por leerme.

Personajes mitológicos modernos. Por un plato de lentejas o de cómo adaptarse al entorno ciertos personajes cotidianos en situaciones especiales.

¿Y si la vida fuera un frenesí, una quimera, una ficción, un sueño, donde los sueños sueños son? Pero… no, amigos, la vida es real como su sustantivo mismo indica.

A veces, andaba con sus chanclas roídas por el rasero del viento incolume para la mayoría, no para él. Pasaba frío con su perro de raza desconocida, tan pegado a su cadera y lomo, como una almohada. Apenas rozaba la puerta del comedor social, pues habían unos requisitos. Tampoco solía dormir en albergue, por lo general, aun cuando el frío arreciase el aire diáfano y vacuo de una primera invernal. Pero la vida continuaba.

La señora Miralles, viajaba por el Trópico de Cáncer muy alejada de su patria natal. Había llegado, inclusive, a las mismísimas antípodas, a una Australia de fauna exótica, arriesgada y trepidante, antiguo penal de convictos historicistas, donde los aborígenes debían de buscarse la vida, día a día, tan solo unos pocos habían logrado destacar en un mundo multipolar cambiante y transformador por necesidad. Ella, vestida con su regalado pañuelo de tul y seda, su vestido entallado, recto y acampañado sobre sus rodillas, cercenaba una rosa por el camino, camino de su casa, victoriana por dentro y por fuera, de caramelo cual gratificara así a sus admirados de la niñez, Hansel y Gretel, ahora demasiado rimbombada, pisando fuerte por la vereda de su jardín con unos zapatos de Manolo Blanick y su bolso de Prada, imitación, no todo era oro, lo que relucía por casa. Tenía hora en la peluquería de alto standin sita en la calle Afrodisíaco número trece. Sin mala suerte que guiarle, solo que muy sola. A pesar de su adinerada posición social, se resarcía bien de los moscones casamenteros, o mejor dicho, los susodichos cazadores de fortuna, a quienes veía venir con su mirada de lince tan gatuna como su rimel y su boquita de piñón carmesí acristalada, como cada semana que le hacían un trenzado para lucir como las chavalitas de la inter, que cantara en otrora década La Mode, chicas que «juegan con aros en gimnasios vacíos, hay chicas que miran tu mundo desde prismas lejanos, hay chicas que viven en torres donde no hay escalera, hay chicas de cristal bohemio con ojos violeta…». Solía cantar canciones de juventud tardía sofocada por un sol procedente de la placa solar, desayunando encima de un mantel de hule carísimo, con dibujos de blackBerry, y lo hacía devorando ensaimadas de la confitería-chocolatería Mrs. Famous, escuchaba a los más famosos celebrityes de Instagram y se divertía con un Tik tok de fábula, donde todo era posible, excepto la sinceridad programada en pocos minutos de oriunda existencia digital. Deseaba que llegara el Multiverso, la era de la robótica y sustituir a su criada -ella la llamaba, cuando estaba con sus amigas fastuosas, la chacha Paqui- por un robot doméstico japonés, tipo Groove X, de esos que ni rechistan y puede que con el tiempo se sumen a las Tres Leyes de la Robótica perpetradas por el gran Isaac Asimov. La vida la perseguía en medio de sus osadías de adolescente engreída y descreída, a su vez. Esperando a ese don Juan del Barroco, próximo a la galantería menos gigoló posible, caso imposible, éste último, por culpa de los convencionalismos sociales y el qué dirán sin eludir, eso sí, la doble moral oculta, si se terciaba, pero en la intimidad, siempre.

Fausto, lejos del mito que le encumbraba etimológicamente, era amante de la numismática y los sellos, nada que ver con un padre alcohólico con transtorno border line o límite, que había conseguido impregnar de miseria de por vida a una madre de postguerra, demasiado ocupada en sacar adelante a cinco hijos escuálidos, los que habían logrado sobrevivir a la hambruna de las cartillas de racionamiento y a la soledad de la viuda sin pensión, excepto un par de mellizos, trabajando de sol a sol en el campo del tito Julio, el que prestaba de vez en cuando a los que no podían permitirse un aval o poner en juego su nómina o su casa en propiedad. Ella, ex estraperlista, sabía lo que era comer las sobras de los demás, incluso las del gato siamés encontrado con una pata quebrada en el barranco de los Humedales de la Tierra descompensada. En sus ratos libres, rememoraba la II República, con carteles pegados con celofán en el dormitorio de los secretos, a donde nadie había osado colocar la pisada, además de cantar la popular y revolucionaria, el Himno de riego, tan morado y nostálgico. Gracias a su madre coraje, hoy en día, Fausto era un reputado abogado en un bufete de prestigio, tras superar su etapa de pasante y agotar la beca del Estado. Iba cada domingo a ver a su madre querida a la residencia de mayores, sita en la plaza de las Trincheras número 36. Le regalaba canónicamente bombones Ferrero Rocher. La mujer le sonreía, al único que se había preocupado por su figura ralante en la vejez postrimera, al único que le había dejado herencia.

Ella, la chica boom, de nombre incontestable, indefinido, inmemorial, trabajaba de animadora en cumples y ceremonias familiares, en ocasiones, cámara de trípode en mano, arrastrada desde la decrepitud de una marca demasiado clásica pero todavía eficiente, Cannon. Las fotos, otras veces, se hacían con la polaroid, herencia de su padre, fallecido en circunstancias poco esclarecedoras, quizá por un ajuste de cuentas en los estertores de los suburbios de la capital de provincia más cosmopolita del país. El país de las maravillas sin cartas ni reina de corazones. Sin conejo del tiempo, sin ceremonias rituales de felices no cumpleaños, sin el gato Shesire de Alicia detrás del espejo, un gato enigmático y preguntón, Risón, para los amigos de casa menos anglosajones. La vida pasaba deseando que llegase el finde con la cocaína por emolumento circunstancial, donde los domingos, tras una juerga demasiado underground y sicodélica para la epoca actual, carecía del reguetón y la bachata de salón, algo más refinada, pues se había encabestrado en el pasado de los veintitantos. Aun cuando las canas secas y acidulantes, de fino hilo de damasco blanco, empezaban a hacer su aparición haciéndola dudar de si tinte químico o gena vegetal. Garnier iba a resolver sus disquisiciones. Pasaba la vida sin pasar, solo transcurría en Stand By como cuando los gatos realizan fugaces y episódicas persecuciones a por raspas dentro de los cubos de basura. Algunos la llamaban la Chica Gato, precisamente, por sus ojos violeta y achinados y parecía, se sospechaba, poseer una doble vida a partir de las dos o las tres de la madrugada, algunas veces al mes, alimentado el espíritu de Nefertiti, su diosa secular y sincrética, ancestral, amancebada con un Anubis, mitad chacal, acostado sobre su estómago como símbolo arquetípico animista, cuando su otra parte se conformaba a través de un gran cánido negro en su lado superior. Decían las malas lenguas que se transformaba en las noches de plenilunio, tal si emulara desde distinta naturaleza pero algo pareja al licántropo Rosamanta, para ser más precisos, Manuel Blasco Rosamanta, de nombre completo. La tachaban de bruja y ocultista, aficionada al cuidado de los chakras y a la práctica solapada y ocelosa de las diferentes mancias existentes. Cuántas veces había llamado a Apolo para que le descifrara sin chistar el famoso Oráculo de Delfos. Todos los días, cuando podía disponer de mayor tiempo libre y no había bautizo, boda o despedida de solteros, echaba la baraja, preferiblemente el tarot de Marsella, si bien, los más osados prefirieran el Necronomicom. Cuando no podía pagar al casero se marchaba a otro piso de alquiler compartido. C’est la vie, se lamentaba, viendo la ocasión de prosperar en alguna de sus vertientes artísticas, algún preciado e inesperado día de azar, donde la Rueda de la Fortuna girase más rápido. Y menos mal que ya no existía la inquisición, solía repetirse solemnemente para consolarse, los días que no le llegaba la recaudación. Se sacó la carrera de psicología por la U.N.E.D, aunque tardó seis años. No paró de ejercer de meiga de la adivinación, una vez satisfizo una de sus verdaderas ilusiones, el academicismo y la metodología del conocimiento epistemológico. Al tiempo que comía pizza y comida italiana, de facto, además de sopa china de dos euros, cuando no podía dar más de sí.

Aristóteles solía decir, por si dudaban, y cito textualmente, «El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona».

Así como Santo Tomás de Aquino intentó demostrar la existencia de dios desde la filosofía algebraica y cientifista, asegurando que existe una separación entre dios y el mundo, haciendo del mundo una realidad contingente, esto es, y dicho a mi manera, lo que entiendo como contrario a lo palpable, tangible y realista, esto es, no necesaria, y que depende de dios, único ser necesario, a través de la demostración por las Cinco vías, para llegar a una conclusión certera, veraz, también afirmó que la existencia se encuentra por encima de la esencia.

Dijo, pues, con otro ejemplo pragmático, Sócrates, que la envidia es la úlcera del alma. Como antítesis, de la esencialidad, cito con lo que a Camús se calificaría de gran aforista con esto misma sentencia, tan interesante, tanto, como tantas otras suyas:

«Cada generación, sin duda, se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no lo rehará. Pero su tarea quizás sea más grande. Consiste en impedir que el mundo se deshaga».

Yo, por otra parte, considero que los personajes de mi cuento solo trataban o bien, de encontrarse a sí mismos, perdidos entre la marabunta de las experiencias, o de sobrevivir en la vida material. Algunos, incluso llegarían a ser felices en algún momento de sus existencia unipersonal. Quizá espiritual si traspasaron alguna vez, el muro de la Caverna, el de las sombras, como nos enseñaría Platon.

Eso es todo. Pensar es gratis y leer, barato. Gracias.

La vida al pasar sin ser contada por un reloj

Vive en sí,

y de tanto vive la vida plena

que es como Santa Teresa,

vivir sin él y esperando tan alta vida,

que solo quiere la transcendencia de la misma,

allí donde esté.

Mística aparte, es en realidad,

en el mundo de los objetos, el de la flora,

en el mundo animal, en el de las almas que afloran sinceras y claras

donde acoge su peculiar jardín,

donde rememora, rememora, rememora,

épocas pasadas para mimetizarlas en ésta.

Las muñecas, los bizcochos pegados al papel,

perfectamente delimitados, unos junto a otros,

para tomar el consabido chocolate de taza

de la marca Marfil, de antaño.

Los paseos y los juegos,

con el pecho sacando porte,

no supone el desnorte del presente.

Ya reconciliado,

se echa al mar para alcanzar el cénit prelunar del horizonte en calma

alcanzando, como final, el porche de su casa y llegar a conclusiones

que le abastezcan,

inventándose la vida.

aun con tiburones y fantasmales figuras aleatorias sin vida.

Sidra, champán para celebrar su cumpleaños,

al tiempo que canta la famosa canción de Alicia en el país de la Maravillas, «feliz feliz no cumpleaños…»

El tiempo se alicata y es encharcado en un gran estanque con

cisnes que ya son bellos porque han sido soñados

con simbología onírica froidiana.

El cuervo y los gorriones posados en su ventana,

la claridad lapizlázuli al tragaluz

y el bollicao para merendar con Susana o Fernanda.

en la imaginación reconciliadora.

Lo que pudo haber sido y no fue

se cuenta entre cien folios

de una nueva novela fantástica

que jamás será publicada.

Sin embargo, la tónica y el café,

con moderación, cauterizarán todas las heridas

este primero de mayo,

donde esta vez sí acudirá solo

pero en compañía de todos los trabajadores.

Corta ahora, hoy el césped, poda las ramas secas,

la tierra es despoblada de hojas muertas,

renace una estepa particular,

mezcla de lluvia y ahazar,

mientras canturrea:

«Where can you find pleasure, search the world for treasure
Learn science technology?
Where can you begin to make your dreams all come true
On the land or on the sea?
Where can you learn to fly, play in sports and skin dive
Study oceanography?
Sign off for the big band or sit in the grandstand
When your team and others meet

In the navy
Yes, you can sail the seven seas
In the navy
Yes, you can put your mind at ease
In the navy
Come on people, fall an’ make a stand
In the navy, in the navy
Can’t you see we need a hand»

siendo feliz solo con la autoescucha.

Migrarán las golondrinas

al pasar,

la poesía es ella,

para un buen día navegar en un bajel pirata

que llaman por su bravura el temido.

cazando tesoros de niñez.

Azorín es recreado en cada uno de los paisajes

y El Bosco, con su trifásico,

le recuerda que siempre es primavera

dentro de su particular y anacrónico renacimiento.

Es la vida al pasar sin ser contada por un reloj.

Reseña detallada de la novela de Elvira Lindo: Lo que me queda por vivir.

(Con pocos spoilers)

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Elvira Lindo, biografía y trayectoria literaria. La podéis encontrar en este enlace que os vincula con la WIKIPEDIA: https://es.wikipedia.org/wiki/Elvira_Lindo

EXTRACTO DE LA WIKIPEDIA PARA PRESENTAROS A ESTA EXCELENTE AUTORA:

Elvira Lindo Garrido (CádizAndalucía23 de enero de 1962) es una escritora y periodista española, conocida principalmente por ser la creadora de Manolito Gafotas. Su actividad ha abordado el periodismo, la novela y el guion televisivo y cinematográfico.

RESEÑA LITERARIA PROPIA

La edición que tengo es de 2010. La primera edición.

Es una novela muy interesante y sugestiva porque es un libro intimista, a veces, conceptual en sus acepciones, figurativo y poético otras, simbólico en sentimentalismos sin la necesidad de recurrir a la banalidad, ni a tópicos repetitivos, muy al contrario, resulta elegante incluso frente a la tragedia y siempre fiel a la realidad, anteponiendo hechos que cristralicen en una causa realista que los pueda convertir en un reflejo pragmático de una época denotativa y también dura y permisiva. En definitiva, una novela altamente recomendable, con diálogos que se justifican tanto por las acciones como por las sensaciones vivenciales. Las descripciones son esmeradas y concienzudamente elaboradas situando cada elemento en su punto verdadero de inflexión en momentos álgidos, por ejemplo.

El contexto histórico versa en torno a una etapa fundamental en la vida de muchas personas de los cuarenta para arriba y, por consiguiente, me parecen importantes todos los aspectos que toca. No son solamente subjetivos; como en casi todas las cosas, poseen tales aspectos, una parte material, ya sabemos que suele ser dialéctica la naturaleza de los sentimientos, sensaciones, situaciones, relaciones entre elementos que definen una acción en tiempo y lugar, unas consecuencias en los giros del argumento que juegan eficazmente con las contradicciones de cada cual, en sus sentimientos encontrados, en las dudas y miedos consuetudinarios, los de todos nosotros durante alguna parte de nuestra vida. A su vez, logra que nos sintamos identificados en alguna porción de la argumentación, a partir de algún personaje en concreto, respecto de alguna situación que hayamos podido detectar o asociar, etc.

De todos modos, el personaje central de esta gran y corriente historia del Madrid rupturista abierto a la transgresión y al desenfreno, a las novedades y también a los tóxicos y al sexo libre tras una dictadura, entremedias de la Transición, y pretransición, merece su consideración intrínseca a la hora de ser el personaje destacado por antonomasia, tanto por su personalidad particular, como por sus rasgos y pespuntes, bordado en oro del bueno, meticulosamente definido, no siempre por lo explícito. Se hace necesario indagar en él. No siendo tampoco un recorrido semántico que medie en lo escandaloso, sino todo lo contrario, es tan fina su escala de grises y tonalidades que conmueve y emociona, por la hermosura de las palabras y las conversaciones ágiles y creíbles, como cuando veíamos el resurgir, nosotros mismos, posiblemente, de una libertad a medias, filtrada a través de una serie de condicionantes adicionales. Antonia tuvo que sacrificar algún que otro proyecto, superar barreras generacionales y también de identidad de género. El tema del aborto, en la práctica, todavía clandestino, era tabú en la medida en que se resuelve, en dicha contextualidad, teniendo en cuenta el riesgo jurídico-penal y físico. No lo consideréis un mero spoiler, leed la obra.

Parte básicamente de la etapa que transcurre en los años ochenta, principios, si bien, cronológicamente no detalla una clara demarcación, pero nos lo imaginamos por las expresiones, detalles, objetos, recuerdos, ejemplos de la vida cotidiana y alguna referencia temporal indirecta en torno al paso de los sucesivas historias dentro de la trama y de las subtramas en este genial relato costumbrista rigurosamente elaborado con ese estilo peculiar y comunicativo que posee Elvira Lindo y que penetra en el corazón y en la mente del lector tras un proceso de conocimiento desarrollado que no deja indiferente, es más, impregna un sello tan propio como selectivo, porque para adentrarte en esta historia debes superar el capítulo segundo, que es bastante largo. Hay que estudiar pormenorizadamente la obra para darse cuenta de su relevancia, muy a lo «sui generis» y, al mismo tiempo, saborear lo cotidiano, la rutina y la humanidad que destilan tanto los personajes principales como los secundarios y corales. No es una historia cualquiera y no entraña facilidad en su lectura, si bien, el estilo narrativo, de corte meridianamente culto se transforma en un bis a bis con el lector articulando una rotundidad llana, con el uso de un argot elegante pero sutilmente bello y en ocasiones tan directo como un dardo, conjugándose momentos intensos y naturales, de una singularidad connatural.

Esa década, llamada por muchos la Década Prodigiosa, tenía como unos rasgos estables y perdurables el tiempo que duró, profiriendo una serie de movimientos rupturistas y transgresores directamente relacionados con la cultura desglosada en la música, los fanzines, medios de comunicación de sello más independiente, los eventos de todo tipo, actos sociales diversos, etnias y tribus sociales que marcaron a los jóvenes con un distintivo de identidad, aunque también señalaban vínculos especiales con la política, la economía, el arte en sí mismo y, junto a todo ello, la manifestación de unas ideas novedosas mezcladas aun con lo viejo que se resistía a sucumbir del todo, pinceladas muy concretas que derivaron en comportamientos sociales muchas veces, dentro de la vanguardia de las costumbres post-modernas. Un claro ejemplo, la Movida Madrileña extendida también a Valencia, Euskadi, Galicia, o Barcelona, muy especialmente en Madrid.

Sin embargo, este libro, si bien, esconde o revela, según se trate, guiños interesantes, no habla de ello como premisa fundamental, ni su hilo conductor se reduce a contarnos una historia rigurosamente documentada en relación a lo ochentero «per se». No hay clichés ni estereotipos. Eso es algo interesante. Detrás de la leyenda verdadera del Madrid de Rockola, del Madrid me Mata, de la radio y la televisión con aires de crítica social insurgente, existe y pervivirá durante todo el desenlace y final una materialización del afán de superación y también, como no podía ser menos, la búsqueda constante, en el día a día, de un lugar en el mundo con destino a varios de los personajes que aparecen.

Empero, la acción se desarrolla principalmente en la ciudad de Madrid. más en concreto, en la ubicación de una barriada trabajadora. En aquellos años. Aparecen conjuntamente otras ubicaciones y una alternancia con la práctica social en el campo, en un municipio donde vivían familiares directos de Antonia, la protagonista principal y que nos narra el contenido básicamente en primera persona. Aunque lo cuente ella misma en una especie de flashback, el papel dirigente a la hora de contar, se conjuga como el equivalente a una narradora omnisciente. Hay saltos en el tiempo y el transcurso del mismo no siempre se expone de forma secuencial, episódicamente ordenado, puesto que, muchas veces, se trata de recuerdos que rememora Antonia y otras veces, se recrean escenas y situaciones intrínsecamente ajustadas a lo que los personajes sienten, no tanto por los hechos que plasman cada cosa que sucede en un momento dado. Se trata de una amalgama que alterna la acción, la descripción muy localizada de objetos y lugares, de ritos, usos, modas y costumbres, de demarcación de personas con propósitos, en ocasiones inaccesibles afectivamente para llegar a la esencia de una Antonia sufriente y combatiente, representación viva de lo que pudo haber sido y no fue, la búsqueda de compensaciones, la canalización emocional volitiva que no logra cicatrizar el pasado.

Es curioso, pero mucha o gran parte de las escenificaciones situacionales se encuentran narradas en un pretérito inmediato, o sea, un pasado reciente y, en otras ocasiones, en pretérito anterior, pero cuyo registro suelen ser recuerdos, evocaciones o rememoraciones, incluso homenajes póstumos, como cuando menciona bastante a su madre antes y después de su larga enfermedad. También a su padre desapegado y fuera de un lugar contextual sano que le defina sino sea por una vida inventada y oportunamente troquelada para satisfacción mezquinamente personal, derivadas de la sociedad que le tocó vivir y a sus hermanas vivas, conformando una antítesis de personalidad entre ellas y con respecto a Antonia, que hace que se rebelen, cada una a su manera, frente a la madre y a la tía, cuando éstas dominaban pasivamente el feudo rural y vivían todos unidos en periodo vacacional. Los traumas psicológicos atenuados por mecanismos de defensa más o menos efectistas, no dejan de perseguir a algunos personajes que trascienden hacia las segundas tramas.

Por tanto, el contexto socio-político, cultural, económico transcurre en la ciudad de Madrid dominantemente, y ello, por razones estructuralmente justificadas respecto del drama que nos ocupa y, fundamentalmente, por cuestiones lógicas.

Es un libro que habla del reencuentro con uno mismo y del reencuentro con una vida.

SINOPSIS

La protagonista, Antonia, tiene un hijo pequeño, llamado Gabi, quien posee unas características de personalidad y carácter muy peculiares que le hacen ser muy inteligente y, a la vez, muy introspectivo; es hijo único, quizá influya en ello tal circunstancia. La causa o motivos, sin embargo, parecen estar reconducidos por la separación de sus padres y por el hecho de que la relación simbiótica que se establece entre él y su madre, de sobreprotección y sentimiento de autoculpa, sumando la enfermedad cardiorrespiratoria que padeció Gabi desde muy pequeño, le hacen sentirse, muchas veces, vulnerable. En apariencia.

Las relaciones eróticas o amorosas de Antonia con algunos hombres cercanos a su psiquis y con su exmarido, sobre todo, no le son del todo favorables. Con éste último la ausencia de cariño es notoria, esto es, la sombra proyectada por él. En resumen, hay un salto evolutivo en el tiempo y pronto conoceremos nuevos personajes en la vida de esta ambivalente mujer que nos harán comprender por qué piensa y se comporta como lo hace, un poco más en profundidad, la representación de su psiquis, sus déficits de afecto o de asertividad en sus relaciones interpersonales, sus temores, dudas, aspiraciones, etc. Se traza para muchos de forma lógica un guión de vida donde cada personaje cobra su vida propia, mereciendo capítulo aparte, con anecdotario propio, pero contado por la protagonista a través del recuerdo, la culpa y la nostalgia; así, este recurso nos permite conocerlos mejor, y también a Antonia.


Antonia es una continuista y seguidora de los movimientos de vanguardia sin hacerse muy explícita dicha exposición. Unos mínimos detalles la delatan como mujer frustrada, especie de fashion-victim, rol que le permite pasar de moderna con todos los atributos y rebelde, a mujer que ha formado una familia monoparental extraña, con un trabajo exitoso, al menos, que le permite disfrutar de un buen sueldo y por el que ya no se le está permitido vivir la vida loca de juventud.

Uno de los centros nodulares del libro es la relación del niño y la madre, la madre y el niño, vínculo muy particular. Se siente obligada a hacerse cargo, sola, de su hijo, al mismo tiempo, no puede dejar de quererle más que a nada en el mundo, pero a su vez, no puede evitar sentirse culpable por no ofrecerle un padre mejor, que no sea una figura ausente o una familia normal; aunque nunca se lo mencione a las claras. El libro está lleno de pensamientos, deseos, metas, proyecciones y sentimientos. Tampoco puede evitar las temidas comparaciones con otros supuestos casos de amigas de juventud. U otras amigas que vendrán más tarde.

Para muchos personajes el vehículo narrativo parte más de lo que es sugerido que de la verdadera o sincera voluntad. Las falsas apariencias estuvieron presentes en la familia de Antonia y durante su niñez y adolescencia, teniéndose que enfrentar a un reencuentro con la ciudad que tanta vida y felicidad le proporcionó una vez transcurren ciertos años, con un niño a cuestas, muy querido, que tiene que llevar al médico persistentemente.

ESTILO NARRATIVO

Tiene un estilo detallista, esmeradamente meticuloso en la puesta en escena de las situaciones y de los diálogos pero, sobre todo, es descriptivo porque los diálogos están notoriamente justificados, es decir, tiene que haberlos en el justo momento. Aparte de ser comunicacionalmente descriptivo, es emotivo. Habla, fundamentalmente, de sentimientos y de problemáticas psicologicas. Por cada uno de los perfiles de los personajes hace una descripción detallada, en la forma de narrador ommisciente en primera persona cuando habla de ella misma y en tercera cuando refiere a otros sujetos para describirlos, pero en realidad, es un monólogo.

Esta metodología está muy desarrollada, lo hace fragmento a fragmento, pero puede saltar de un fragmento a otro en diversas ocasiones, el modo temporal está en presente de indicativo y, a veces, en pasado, pero cuando habla de su madre en pasado, lo hace a través de la temporalidad del recuerdo.

No es un estilo simple, es complejo. La estructura no está diversificada plenamente, en distintas voces independientes, se trata, más bien, de una especie de monólogo. Refleja no solo las emociones de la temporalidad del contexto histórico, político, social, cultural y económico, para representar que ella es una transgresora con mucho sentimiento de culpa. Queda reflejado en los trazos de sus personales expresiones y forma de hablar y actuar. Transmite dolor, por ejemplo cuando aparece o, mejor dicho reaparece un personaje de su infancia vinculado a la radio, Jabato, ya veréis por qué si decidís leer la novela que yo os recomiendo encarecidamente.

AMBIENTACION Y ESCENIFICACIONES

Se expresa también una forma de vida, un modo costumbrista de vivir y una variopinta serie de ritualizaciones: la forma de describir -esto es un claro ejemplo- cómo transcurre la enfermedad coronaria de la madre de Antonia es como una diminuta alegoría. Para decir que le implantan un marcapasos la forma de describirlo es muy coloquial, a través de figuras retóricas como las comparaciones y los símiles, de tal modo que su corazón es como un reloj con un grabado. Es un lenguaje que, en tales ocasiones, queda muy cercano, muy próximo. Otro ejemplo gráfico es el de las fotos de los muertos, ejemplificado en este fragmento textual, que dice así: «la muerte era una circunstancia de otro tiempo, de otro siglo, casi un cuento de fantasmas. Los fantasmas de los familiares poblaban todas las casas, en particular en la casa de mi abuelo, eran invocados a diario por mi tía Celia. No sé si era una peculiaridad suya, una especie de costumbre arraigada entre las mujeres solteras; las madres cuidaban a los vivos, las solteras a los muertos. Mi tía les llamaba con un gran sentido de la propiedad, mis muertos. Los retratos de sus muertos estaban colgados en el sombrerero recibidor, muy a tono con el tresillo de madera y enea de la misma época de los retratados«

[Se puede observar aquí cómo es la meticulosidad cromática, de contorno, de forma, de sentido, de esencia de las cosas y cómo éstas están descritas]

«Era ese tipo de fotos de principios del siglo XX de gran calidad que nos acercaba con enorme precisión la presencia de seres humanos. Yo las miraba una y otra vez a la luz de la bombilla queriendo descubrir algún detalle nuevo que me uniera a esas mujeres, mi bisabuela, mi abuela, subidas a un coche de caballos, vestidas como heroínas de novela aunque un novelesco quedara frustrado, adusto y desconfiado de la gente de pueblo para la que ser retratada era algo amenazante y excepcional«

Este podría ser un ejemplo pragmático de cómo se vivía en la España rural a finales del siglo XIX, siglo XX, hasta mediados.

Hay otras elaboraciones narrativo-descriptivas acerca de la vida rural como un puente entre dos mundos contrapuestos que no tienen más remedio que comunicarse entre sí aun cuando sea a través de un finísimo hilo. Es pragmático el hecho de que Antonia describa las diferencias de mentalidad y cultura de los niños de ciudad, poco acostumbrados al asilvestrado ambiente de bosque y trazado campestre, con rutas inigualables, casi sincréticas, puesto que llega a concluir en este dilema o dicotomía que ella se sentía entre dos aguas alcanzando a comprender a los muchachos de ciudad cuando no debían ni por asomo empuñar un arma de fuego de caza de los mayores, la falta de sentido de identidad pues se sienten perdidos en un hábitat desconocido que no pueden controlar.

También alabo cómo describe la vida en naturaleza, exotismo exhacerbado cuando se nos muestra un soterrado elenco de eufemismos para no poder decir las cosas por su nombre en cuanto al criterio comportamental, o como el recurso que se nos transmite mediante la vida secreta que parecen empuñar figurada y poéticamente los objetos de la casa cuando la tía se queda sola y los chicos salen a jugar afuera, pareciendo que el ambiente otrora repleto de enseres se volviese diáfano mimetizándose con el aire, con el entorno tranquilo y silencioso. Una parienta que no es, en esencia, tal y como nos la pintan pues el ascetismo simulado parece ser un escudo para no ser reconocidos sus sentimientos interiores y sus contradicciones. Lo que pensaba verdaderamente del Comunismo o la afición por la lectura de Galdós, son un claro atisbo de doblez.

La descripción de los materiales de que están hechos los utensilios y las cosas inermes, la poblada vegetación exterior, la sutileza del carácter provinciano que se vuelve en rudeza cuando se trata de enarbolar el rol que a cada cual le compete, el abuelo, tan rústico como el padre y tan sometidos a los convencionalismos que ofreció la guerra y la postguerra, tratada con enorme entereza como consecuencia de determinados arquetipos del régimen perfectamente delimitados y que estaban condenados a ser borrados con la Transición posterior, con la apertura de la democracia y algunas parcelas de libertad sobrevenida previa. Resultan ciertamente elegantes las imágenes simbólicas y un realismo crudo y repentino, utilizadas herramientas, siempre puestas en segundo plano, excepto en el desenlace final, pues son la canalización de lo que ocurrirá después, casi al final del libro, no lo voy a desvelar, por otra parte.

Antonia siempre intentó rebelarse y luchar a contracorriente y finalmente ocurre lo inesperado, como contraposición a lo que parece ser la tónica genérica de todo el libro, maravilloso, por otra parte, donde se da un giro con la incursión de nuevos personajes poco más allá de la mitad, para asombrar por la brusquedad de los acontecimientos en los últimos capítulos. Agradablemente, con cierta justicia, vamos a decir, el final conclusivo es materializado en catarsis.

Ya os digo, a mí esta novela me ha encantado, no solo por la historia que cuenta sino por cómo la cuenta.

El encanto

De tanto en cuanto, cuento,

cuantas cosas poseo y deseo,

preguntándome si realmente las vivo

o las quiero.

Porque me basta con lo sencillo.

Vívidas sombras de lo vívido mucho más allá del silbido o la peonza,

de la disco o de una ronda,

pretendo olvidar mientras, contigo,

pues, tanto y tanto persigo el equilibrio,

desde la paz del resarcido,

amigo/a de la infancia y la adolescencia

que, a veces, de lo bueno y del presente me olvido.

Donde estés, estará parte de mi alma,

origen cautivo que me desarma

al cabo de media vida,

y tanteo… ¡pues qué encanto!

por la lejanía y la amplia cordura,

que aspiro con nostalgia,

solamente con recordarte.

De tanto en tanto.

Recuerdo aquellos destellos de Sol, hieráticos, salvajes, solaces,

en aquel monte de olivos donde perseguíamos sueños.

Saltando de charco en charco,

flotando de río en río,

en aquel parque fluvial,

donde fuimos un día testigos acérrimos

de nuestra inocencia,

comiéndonos la paciencia,

y el almuerzo

apoyados sobre un nogal.

Entre el lecho verde de césped, pervivía el forraje,

hojas salvajes,

malas hierbas,

caracoles tras las lluvias de primavera,

todo tipo de gusanos caídos de los árboles,

los naranjos florecientes y el azahar embellecedor,

enraizados.

Un rocío matinero

que avistaba una mañana sin contratiempos.

Otro sábado encantador.

El reloj manual analógico en la muñeca,

sujeto a conciencia,

que nos guiaba en un tiempo trémulo y dispar,

al punto de regresar por el mismo camino desandado,

bebiendo de la cantimplora de caucho,

fumando el primer cigarro

sin asperger el humo cincelante,

al tiempo que esperábamos el tren, expectantes,

el de cada hora.

Interminables ratios de lectura

de Mark Twain y Agatha Christie,

de Jabato o de la Patrulla X,

en medio de tenues sombras mezcladas con luz natural,

acometiendo diabluras con lagartijas

y embobándonos activamente con el lanzamiento de piedras de caliza

en el estanque de los patos.

Una piedra en el zapato

y un mesarse los cabellos mojados

después de andar por la espesura

con la lluvia en los talones.

Volvíamos de mil rincones,

y un grupo de gaznapiros bonachones,

de nuestra edad, nos acompañaban

con el humo y el tracatrá del vagón,

de madera de encina,

sin pulir y lleno de carbonilla.

Otro día…

Y tanto

que decirse

solo con una mirada.

De repente,

sonaban las campanas de la Iglesia del pueblo,

tililantes, un run run interminable,

desde allá a lo lejos,

como siempre, a las doce.

De nuevo, sororidad. Después, relajamiento.

El siguiente domingo tocaba nuestra liturgia.

La nuestra,

previo catecismo.

Al tiempo que volvía a chispear

en ese momento.

Aun lo recuerdo.

Qué encanto.

La mayéutica de la poesía post-moderna.

Me han dicho que en un 80% se resume

la historiografía, la mía; de futuro consabida.

Calculando, calculando,

hasta que llegue el renacimiento y un nuevo ciclo;

si yo fuera éter emulgente

me alegraría,

pero no soy aire,

soy humana,

Quien no alcanza su cima

pero la recorre

día a día,

desviando a la diatriba

que especula y que confunde,

cualquier mañana de paseo

ha hecho los deberes.

Muerte ausente

quédate en tus aposentos,

que yo treparé el grandilocuente muro-pared

del palacio simiente

como en un cuento alegre,

donde está la bella dama del medievo,

esperando al amante con su trenza larga

para escalarle.

Hasta el cielo.

La vida puede tener mil formas,

obtusas, rectas, longuilíneas

pero si vences a la espiral

tienes con qué escribir una bonita historia de resistencia.

Pluma y papel se conjugan con holgura,

con complacencia,

con antelación prematura;

pues a todos nos ocurre

que en nuestra inocente diablura,

intentamos trepar demasiado rápido.

Una planta trepadora

y no una escalera vencedora.

Donde a veces hay que retroceder dos peldaños.

No importa, pues, vivir con trabas,

sí evitar el engaño del ensueño del ermitaño;

lo importante es la escalada.

Como dijo Sócrates,

cuando virtud y razón se unen

ya no importa nada.

Más que vivir y aceptar.

Pluma y papel,

escribid, escribid,

la aventura en la apertura

del mundo que trasciende a las sombras

de la caverna

y ve las siluetas

trepando el muro de la esencia.

Con verdadera fortaleza.

Mi planta perenne de un patio cualquiera

Photo by cottonbro on Pexels.com

La planta de mi patio está trste,

¿que tendrá la planta?,

pues su tallo y sus hojas

miran varadas

al Sol,

enverada su silueta,

Que le niegan la clorofila,

hermanas sincretas,

savia bruta de mi estampa.

Que la estepa es muy vasta

y adora la sinestesia.

Vete allí con las demás,

y a la floresta y a un jardin mecido

por los cantos sacros y sencillos,

no me seas indiscreta,

En aquel patio raído.

Que te hagan un poema,

lleno de rosas y estrellas.

Homero y aedos,

filósofos y poetas,

desde Sócrates y Séneca,

desde Lorca a Espronceda,

cantadle una nana a mi planta

como a la cebollera

para que no se quede seca.

Mi planta lucha, ahora,

para no quedar yerma.

¿Qué tendrá la planta,

antes tan lisonjera?

Venid, ángeles ascetas,

y rezad por ella

un cúmulo de pasiones

para la fotosíntesis.

Que venga la Luna a la fragua

y el gitano que dispare una saeta.

Mi planta, melancolía y flema,

la planta que no se enreda,

Que no crece,

que se enerva.

Que sujeta el muro

y quebranta a la misma tristeza.

MI planta sincera.

Que pide

lo que no llega.

Un día vencido

Photo by Sebastian Voortman on Pexels.com

Cambios y sinergias,

dureza en el aprendizaje,

silencios y paisajes,

en esta teneblura

que hago mía

señalando lo bonito

del provecho

del amor y la ternura.

Singladura de lo hecho.

Felicidad sin ataduras.

Aceptar lo devenido.

Estimular el cerebro

y del contexto el contenido.

Repasar en barbecho

y disfrutar del cultivo.

Nadie pide mas que un día vencido.

Soneto de un dia reflexivo

Si un día vi las garras del vil mal,

fue sin querer, espartano luchón

pues en todo existe el mal achuchón

de los sentimientos vanos ramal.

——————-

Si un día exploré la savia animal

comprendí que por un solo mechón

hay saber, el remanente colchón

que al grupo iguala la tela chamal:

——————–

De bondad condición, grande pureza,

versa la pluralidad del sentido

que nos dicta, no al odio, al alma,

——————–

Con los valores aunar la destreza

de un Fuenteovejuna no pervertido,

donde la lucha solidaria es calma




en un campo de amapolas

Autora: Marisa Doménech Castillo

Entre tinieblas, enmudecido,

ví tus zarpas

y ahora que las desilencio,

veo tus alas.

No son negras, como la pez,

pensando y soñando al alba.

Descreído de ti

me fui a un campo de amapolas,

me esperaban Van Gogh y Monet,

a solas.

Vi sus caras y carantoñas

que esgrimían festejos

donde las tornas.

Les pregunté: en este campo…

existe el soma, el amor lánguido,

las buenas personas.

Soñando estás, me dijeron,

despierta, caracola.

Que el mal endulce tus luchas

como las flores tus turbas.

Desperté,

seguí solo,

las alas de las mariposas

eran celestes, pluricromáticas.

Nada había que temer

más que a la verdad,

que a veces se santigua,

otras, otras es de cal.

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