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RINCONES

Un rincón psicodélico me atrapó

allá por los setenta y tantos,

de amor sublime y literatos,

y tantos juegos, y tantos…

Un día la caja engordó su sabor a remuneración

de trabajo en trabajo,

perdonémonos y solucionaremos lo del contrabajo,

no, no fue una percepción, fue en aquel rincón,

donde manifesté una partitura virtual,

en aquella rinconada demencial,

que fue el abismo y el ostracismo,

de la casa con habitación de resquicios incalculables.

No, no toqué en aquel rincón del desficio la guitarra,

el contrabajo ya lo he dicho y no me desdije ni ahora lo siento.

Que un rincón es una rinconada de rincones,

¡Inaudito! Veo aquel piano y la partitura,

jugando con mis diabluras, sin poder tocar el deseo infinito,

en aquel rincón…

La habitación rezuma Navidad cualquier día del año,

mientras yo me imagino tocando el piano,

la guitarra y el contrabajo,

en aquella rinconada habitacional lleno de rincones majestuosos.

La vida es la vida, bella y pletórica

Segundos, minutos, horas, días…

La vida es bella,

la cité en mi bitácora,

cuando escribí a Némesis,

leí a Rulfo,

emulé a Bukowski y a Burroughs,

escuché a Bowie y a Pink Floyd,

a The Yes, y sus mapas topográficos.

Parafraeando, “la vida es un virus”,

una anomalía preciosa, añado.

Segundos, minutos, horas, días…

Y Picasso y Lorca con los frutos de la tierra

para usufructo del pueblo jabato y luchador,

acechan mis rincones recónditos,

sulfurados por el paso del tiempo.

Que nadie les olvide,

ni al Realismo Mágico

de Cortázar y García Márquez.

Si después de los golpes de efecto vitales,

tras sangrar por la nariz de tanto respirar,

al cabo de las experiencias honoríficas

de ensayo y error, causa-consecuencia

y la fundamental dialéctica materialista,

la diosa del equilibrio te escucha, Némesis,

considéralo un triunfo en sí mismo.

Nada será obviado, me respondió.

En esta carrera has enlazado

la resistencia a los cambios

con la ruptura homeostática.

Y entonces reapareció la neurosis de las compras,

la Navidad y la próxima Semana Santa.

Porque aparte de admirar los cultos sincréticos,

lo único que importa es aspirar por los poros

los segundos, minutos, horas, días,

los frutos del poeta fusilado que revive en las almas sensibles,

los cuadros de aquel que amo a Las Señoritas de Avignon

y las trazó enmedio del contexto de la Guerra y la postguerra, trascendiéndolas para siempre,

Dalí, Miguel Hernández, la Generación del 27

y el Primer y Segundo Manifiesto Surrealista,

de André Breton y sus revolucionarios integrantes,

a tenor de las grandes revoluciones en el mundo.

Los finales de Rayuela, el gran coronel a quien nadie escribía,

el señor Aureliano Buendía,

Pedro Páramo y su tumba fetiche e imaginaria,

“quizás todo tipo de placer es solamente un sustituto”,

matizó el poeta maldito.

Quizá la vida es sueño y los sueños sueños son,

tal y como expresó el excelso Calderón de la Barca,

a través del arquetipo de su creación.

“La única ética posible es hacer lo que uno quiere”.

Me gusta pasearles en bandeja parafraseando a los inmensos.

El Eros y el Tanatos de Freud per se científico, y el Psicoanálisis,

la censura y la catarsis, el Complejo de Castración

y la canalización de los traumas, serán los padres siempre

del hermoso postulado materialista, donde lo onírico

explica fenómenos, sin necesidad de observarlos con la percepción de los cinco sentidos,

y cobra vida con luz propia.

Burroughsiana soy y seré,

Bukowskiana moriré dentro de muchos años,

cada segundo, minuto, hora, día…

Me arroparé en mi casa de muñecas

y de arlequines, ayudada eternamente

por los relojes blandos y el tiempo imprevisible

de la Persistencia de la Memoria.

Todo aquello percibido es y será

un homenaje a los clásicos,

a los poetas grecolatinos,

al siglo de Oro de las letras,

a las rupturas vanguardistas del 17,

al Futurismo de Marinetti,

En mi noción subjetiva del tiempo

exploraré nuevos recovecos y aprenderé a aceptar

los acontecimientos.

Sobran aquí los fantasmas,

que vivan los poetas, los aedos, Homero,

los cantautores de la Transición ilusionados,

porque se ha vuelto a repetir la ilusión en 2020.

y todas y cada una de las entelequias

que vivan también,

pasadas, presentes y futuras.

La luz en movimiento y recorrer el paisaje en bicicleta,

gimnasia matutina,

la sabia gastronomía sana y visceral.

En mis días de preludio abismal,

segundo a segundo,

minuto a minuto,

hora a hora,

día a día.

Prometo conjurar y perdonar.

Espero que me perdone

el Universo,

por siempre querer más. Y más.

Dentro de la relatividad del espacio y del tiempo.

Tu vida se reduce a un folio a4,

pero si sabes estirar la esencia primigenia

de cualquiera de tus propias obras,

comprenderás a los autores, a los exiliados,

a los demonizados y a los demonios.

Porque la vida parece un flujo y reflujo de sueños de verdad,

como las mareas bajo el auspicio y el control de la Luna selenítica,

aunque los relojes surrealistas marquen siempre las 6PM.

Si no es por los artistas, no concibo la vida.

Némesis, la diosa de la justicia, la contraria a los excesos

y a los déficits, la salvaguarda del equilibrio,

confabulada con dios, el particular,

me mira de reojo y asienta con la cabeza.

Mi mundo podrían ser perfectamente,

fotografías de sueños chamanísticos pintadas a mano y pincel

por una mente que solo quiere aprender

y mojarse el cuerpo en aguas tranquilas.

La vida es bella.

La vida es la vida.

La vida es así:

Segundos, minutos, horas, días…

La amo.

LAS DUDAS FINITAS

Dudas razonables,

infinitas,

cartesianas,

metafísicas

o existenciales,

Encrucijada del paroxismo,

siempre a tu lado,

hasta el infinito. Hasta la ruptura final.

Ni de mis sueños escapas.

Dudas como escarpias.

Dudas llanas

y silogísticas.

Disyuntivas,

disquisitivas.

¿Y para qué?

Para nada.

Me decías en la almohada,

sueña y no pienses a ultranza.

Pues todo queda en el vacío.

Denuncio la verdad absoluta

que rastrea sin piedad la vida plana.

Si buscas respuestas,

que sea desde el hogar del corazón.

y del cerebro analítico.

El tiempo y el espacio,

percepciones subjetivas

que investigan sobre la realidad objetiva.

Amigos temporales, miedos ancestrales,

Si si o si no, no. Trasteando el qué y no el por qué

sales del rapto propiciado por los viejos fantasmas.

Escribí en un viejo papel

mis objetivos,

lo sellé con mi firma

y abierto en carne viva lo dejé en un lugar resguardado.

Espero hasta hallar el camino.

La luz en el día a día se describe voluntariosa.

Jubilosa apreciación: la de la fidelidad.

¿Dudas a mí, entonces? El transcurso del tiempo lo dirá.

La sangre revolucionaria llama a la sangre revolucionaria.

ABANICOS

Hace calor en este lugaresfera,

Hace calor pegajoso y humeante.

Rubor, sudor, decibelios locáticos y un ventilador.

Psicoestáticas sillas y un sillón.

Para sicoestetas escritores.

Describiendo realidades no vencidas.

Esta poesía no es del tiempo climatológico,

porque desde el amor me abanico, tras salir a la calle

llenando el aire y esparciendo esencias salvajes,

como todos.

Reminiscencia de sonidos, colores y olores y una nueva perspectiva estacional,

donde los nombres no importan, ni los llaneros solitarios,

ni los héroes ni los hados.

El intelecto pide cervezas y cocacolas.

Además se contemplan las rosas y los jardines tatuados.

Una madre le da un beso al angel desalado.

Los poetas viven agazapados, pero se nutren de connotación.

Obreros almuerzan su bocado de pan con lomo adobado.

Vírgenes suicidas y brujos que se atomizan en la noche espolvoreada,

maquillan sensaciones dispares y disparatadas.

Y nos abanicamos, comiendo helado como si ya no fuera a amanecer mañana.

La vida son cuatro días y cuando la pobreza entra por la puerta, el amor salta por la ventaba.

Mancillados abanicos nos protegen de la historia y la quimera,

un placer sencillo no sibarita.

¿El mundo occidental en armisticio?

No, hay guerras por todas partes,

económicas, políticas y militares.

El niño grita que quiere un móvil android,

la madre le da un cachete y lo mira de soslayo

mientras compra lotería.

Así es la vida, un abanico de infinitesimales posibilidades.

Un vendedor de abanos del aire,

se sitúa en una esquina pretendiendo hacer su agosto,

su sonrisa se difumina porque lleva media hora sin clientes,

hasta que dos señoras de la misa de a ocho

con su gomina y avalorios, le demandan mercancía.

No es esa puesta en relación con el valor de la fuerza de trabajo en las fábricas

ni de la que se extrae plusvalía al proletariado, pero hoy es el santo del marido de una de ellas.

Por lo pronto, lo acordado,

calor que se pega en los zapatos y la ropa,

que ameniza a los pájaros.

Se escucha a Pink Floyd desde lo lejos

alguien tiene puesto el reproductor de música

que hace ventilar los sones hechos a base de pensamientos psicodélicos,

la gente acude en masa al vendedor.

-Cómprenme, señores, señoras, abanicos pal caló.

Aquí los tengo: buenos, bonitos y baratos;

¿Cómo son? -pregunta un despistado.

-Pos mire, asín que son: entonces hablan las musas por él,

las ninfas, hadas, nereidas y el dios Eolo, adornando

cualquier aseveración bien sabida:

Abanicos rompeolas,

elegantes y elitistas,

para el niño y la niña,

para los acalorados currelantes

y también para los príncipes, princesas y gerifaltes.

-Tos sean bienveníos .apostilla.

Viajantes, turistas o marinos mercantes,

damas sencillas y caballeros andantes.

Presiosos y sin malaje ninguno.

De los que te hacen volar y soñar,

espirituales pero también maquiavélicos,

políticamente correctos pero a la vez a contracorriente,

esos que llevan el cántaro a la fuente,

los que protegen a los curtidos del campo,

morenos y hechos a sí mismos,

los que usa el señorito,

la oligarquía,

los finos y las finas.

Traídos de importación

pero fabricados en el país.

Pa que veáis.

También Made in Japán

o coreanos.

De todos los colores y estilos,

de tela, papel o piel,

y con su baraja rígida y plegable,

también de modalidad china

pues el exotismo es un signo de la historia,

también revolucionario.

Juegos de muñeca, rítmicos y variables,

incluso hay algunos que se paesen a los flabelos egipcios,

por seguir las tradiciones ancestrales,

otros son biodegradables,

también el origen es fiable;

imaginaros a los romanos agrícolas,

de nuestra cultura latina los padres,

rememorando el aventamiento de las cascarillas

de los granos de cereal,

-No se lo piensen má:

-Cómprenme abanicos

no sea que venga un temporal,

cason la mar.

Que no se los pueo regalá.

En el Capitalismo.

-Muchas grasias señorita, dios se lo pague,

son a dose euros los ma economicos.

Pero tié de seda también.

“En el verano convergente

se hace lo que se puede, ¿verdad?”

-Dijo la muchacha.

Y el buen hombre le regaló

la mejor y más delicada de sus sonrisas.

Cristales rotos y un futuro mejor

Un amigo desde mi retaguardia,

me escribió una carta de consuelo.

Tupido tiempo y espacio.

Letargo en mi corazón

y le respondí agradecida

con todas mis faltas de prosodia y sintáxis en inglés,

Dicen que la música amansa a las fieras,

a mí y a los ángeles nos enternece.

Preludio desaforado de un tiempo límite.

Procesos desangelados y mimetizados por tantas vanguardias

y unos pocos cruentos, que piensan que lo pueden todo a traves de la traición y el odio.

Si todos fuesemos como el cristal vaporoso de las aguas tranquilas

deslizándonos hasta el amanecer por entre hielos calientes,

no habrían dudas e incertidumbres. Ni temores.

Vi la vida pasar. Pero la que me espera y nos está esperando…

será indefectiblemente mejor,

Cojo mis cristales rotos, los del espejo identitario y me voy a militar

con la patrulla de los luchadores.

Un viernes por la tarde y tantos y tantos días…

La lengua perspicaz

Si las lenguas tienen pelos y escarpias,

si los oídos no oyen el altavoz de los justos,

si mil carmines reclaman amor desangelado,

si los adversarios son cruelmente indiferentes,

si los rencores se repiten en gramolas, fandangos y lechugueces,

si los refugios cavernosos apenas consuelan de las bombas y las escopetas,

si los lobos y los linces ibéricos se extinguen sin remisión,

si los besos son fríos y las noches concubinas,

si los arrebatos y errores no son perdonados y subsanados,

si las balas contra los gerifaltes y los malos no son más que fogueo,

si los héroes se silencian y se mimetizan en el insignificante tiempo,

si el pegamento no sujeta las sandalias del pescador y el apego hace mella,

si la mecha no enciende el fuego que incendiará la pradera de la revolución,

si los cartománticos y predictivos periódicos y medios elucubran a modo de programa estatal,

si los tiranos y clasistas en el poder, oligárquicos y proimperialistas, fustigan con correas y látigos a sangre y fuego,

si los caballos blancos de santiago son siempre blancos,

si la magia de la verdad no transforma colectivamente,

si los carnets te identifican como un número digitalizado,

entonces…

¡¡Deséame suerte y obliguémonos a seguir luchando!!.

La senda es larga pero no infructuosa.

Quiero calles y camisetas rosas,

quiero pasear entre perfume y más y más rosas,

quiero ser capaz de investigar libremente,

no esperar en las colas fumando mi adorado Manitu,

espero esperar comprendiendo a la verdadera paciencia diligente

y aceptar lo sobrevenido y lo que puede llegar.

Quiero ser presencia admirable, admisible y no fantasmal,

quiero cultura y riqueza,

una nueva revolución cultural en España,

que se escuchen las voces de los trobadores,

de los poetas,

de los cantautores,

detestar a la guerra y alabar a la paz sin condiciones y con principios,

transformar la violencia en defensa por la causa de la independencia nacional respecto de las injerencias de las potencias extranjeras.

Me gusta que crezcan simientes y semillas,

que sean nuestros los frutos de la tierra,

Quiero… mucho… mucho más… lo bueno y lo sabio…

aunque haya que esperar…

SEMBRAR EL CAMINO Y COSECHAR LO VIVIDO.

EL HAMBRE INTELIGENTE

El hambre inteligente

es aquella que acepta el bloqueo y el error.

A pesar de los éxitos coyunturales.

Mis musas, heroinas tridimensionales,

andróginaa y de cósmica visión,

por ejemplo, Tilda Swinton o Katharine Hepburn. Reflejo del compendio del mundo multipolar y abierto, dialéctico. Eso es.

Musas, hadas, diosas, princesas, feministas y ascetas,

féminas de la explosión vital.

A pesar de los bloqueos y el error.

Ser actitud, amplitud, senectud, quietud, salud, alud…

A pesar de los éxitos coyunturales.

Somos y estamos.

Es el hambre inteligente que debe sortear parapetos de cemento

y hormigón. Mera ilusión en apariencia, la felicidad efímera.

Te busco a cada segundo, minuto, hora y eternidad.

Se lo contaré a mis musas y fliparán.

Fuera monstruos. Respiraré en los parques, en el metro, en el trabajo y el ocio. Siempre acechas Can cerberos, con tus tres fauces tricéfalas aullando endemoniado desde el territorio de Hades, pero no conseguirás llevarme al Infierno.

A pesar del bloqueo y la ambición, el deseo o la innacción.

Seré capaz y también capataz. Viva la lucha y la misión vital de la existencia.

Conformé un caldo de cultivo lleno de microbios y bacilos, estreptococos, amebas, seres unicelulares que no se gemaban nunca en nada bueno.

Solíamos gritar y aullar todos juntos, a pesar de los éxitos coyunturales, condicionales, estatales, coaxiales, amables, falsos o rudimentarios,

Desde siempre sigo la luz y observo que el camino es largo y difícil.

Musas, esperadme entre mis requiebros y dudas existenciales.

Porque sigo a la Caja de Pandora. Porque sigo, sigo, sigo y sigo…

Y seguiré hasta alcanzar una claridad mayor, espíritus arcaicos, ácratas, sincréticos, sinérgicos, sacros, chamanísticos, embrujantes. A pesar del caos y el desorden estructural.

Es la vida, no hay más.

Manifiesto delirista

Que sea verdad el deseo,

que los sueños se cumplan.

Maquillaje para la tristeza,

por favor, delirios sean conjurados.

Acéptame, moun amour, desde el cariño.

La sinceridad sea convocada en certamen multitudinario.

Las sonrisas curen a los enfermos del alma y el cuerpo.

Las camisas y los vestidos sin reglas estéticas milimétricas.

Me compro un coche hidráulico y adoro los molinos de viento.

La edad de la inocencia es y será siempre sempiterna.

Te quiero bajo mil formas y cada una es venerada por un dios propio.

Las galletas no contienen triglicéridos ni grasas trans.

Todo y nada es lo mismo y nada tiene que ver. Según sea.

Los manifiestos son del pueblo y no del Estado.

Y qué placer que llorar solo sea de emoción.

La conjura de los goliardos jamás se cumplió.

Los muros fueron todos derribados.

Los psicotropos los constituye la propia mente,

endorfinas que me cuidáis con candor.

Este un una declaración delirista y está suscrita por miles de voces anónimas y homónimas.

RITUAL

¿No sabemos que la vida es una fiesta?

Ritual en aquella noche fría y trasnochada,

brujas y maledicentes enemigos contra las buenas hadas y hados.

Ritual. Asincrónico. Meditabundo. Confuso. Aciago.

¿Para qué damos vueltas y vueltas al son de la inercia inoperante

sin esperar nada a cambio?

Volátiles danzarines, saltimbanquis, zarabandas, teatros rurales, circos urbanos,

fuego fatuo que irradia el sol de poniente a una hoguera enmedio de las estrellas heladas.

Corremos y no alcanzamos la meta.

Nos preguntamos por acertijos macabros mucho antes de esperar

a que el Oráculo popular nos pueda responder adecuadamente.

Ritual exótico, decadente.

El demonio es la crisis singular que parece que fluctúa a través de ciclos inmundos y ahora se suaviza por decoro.

Como un regalo para frikis desnortados. Y tu, cariño, mirando a la ventana

a trasluz porque han cortado el recibo este mes por impago.

Ritual, nos cogemos abrazados y damos vueltas, si. Mañana, quién sabe.

Dios dirá. A los seres noctámbulos con patrulla infantil nos sigue faltando el pan.

Ritual. Cada beso, cada abrazo, cada forma de amor es una señal no perceptible. Pero solo atendemos a lo inmediato. No. No nos queda tiempo para más.

La frontera yugoslava cayó en varios pedazos, la pomposa beligerante y pulposa URSS se vió frenada por valientes sincerables que la enfrentaron,

por eso ritualizamos en tiempos modernos. Para olvidar el recuerdo de lo que fue la traición de varias décadas de infortunio trágico y maquiavélico.

Locos, orates festejados somos. Derrotados trabajando 60 horas por migajas de papel couché. Ritual. En Oriente y en Occidente.

Cada gesto, cada palabra, cada actitud, dichos sin acritud para contentar al poderoso Aguirre, la colera de Dios mimetizado en 36.000 altos cargos que cobran lo mismo que seis millones de trabajadores. Por ejemplo.

Entonces y por costumbre o desdén, vete tú a saber, bebemos, fumamos, nos acostamos con hombres y mujeres desnudos por dentro y desquiciados por fuera.

Ritualizando el pensamiento se llega a la encrucijada de donde no se sale

a no ser que introspectes tu interior infinito.

Y tú, el buen amigo, no abandones tus justos quehaceres. Sigue con tu rol de primavera. Que alguien te espera al volver la esquina.

Valientes. Ritualizadores, aguerridos infranqueables. Depositad vuestro destello y no os dé vergüenza mirar a la verdad del amanecer azul.

Quizá la nocturnidad nos perdone y envuelva con su manto nebuloso

y voluble, las almas más suspicaces.

Y no digáis a los niños nada de los Reyes Magos más allá de lo permitido

sin sellar el pacto del cariño-emblema como consigna del “Te quiero de todo corazón”.

Porque la vida es bella y cada final es un comienzo. Por eso, quizá demos vuelta y vueltas en un ritual que se muerde la cola.

Sin embargo y a pesar de ello, no dejéis nunca de bailar y ser felices.

Demos vueltas. Y vueltas. No importa. Y vivamos aun cuando el despertador suene a las 6 de una mañana de lluvia de temporal o de nevada polar.

TRANSFORMACIÓN

Una fiesta de cometas y confetis,

de champán y celebrities naturales.

Fue un amanecer pausado y paulatino,

condecorado con mil lluvias doradas estelares,

un escenario lleno de besos y abrazos sinceros, leales

y un sinfín de reencuentros corpusculares,

pletóricamente jubilosos. Los cuerpos, oh, los cuerpos…

perfectamente asociados a sus mentes, inteligentemente perspicaces,

elucubrantes y bondadosas. Una carroza traía presurosa a la princesa de vergel,

procedente del oasis reconstituyente, mayestático,

cuyas flores reverberaban al sol y adornaban el aire perfumado.

Una boda real y clásica: El, un principe encantador con traje Massimo Dutti y reloj de oro,

y ella con vestido suelto de Versace y corona de diamantes.

Apenas se hablaron en esa unión tan cool y vintage.

Se oyeron suspiros y cantaba el coro de niños, otros empujaban la larga cola de la novia.

Ya sé que dicen que los cuentos de hadas no existen. Pero en aquel lugar singular,

todo era libre y multitudinario.

Embelesadas especies únicas del siglo XXIII, raras avis que cosechaban aplausos tan solo por existir.

Se acabó el capitalismo destructivo y arrasador.

Porque todos vestían a la moda, todos absolutamente. Y el trabajo no era asalariado y dependiente del capital. La abundancia extrema y redistribuida en consonancia, hacía que cada cual tuviese sus necesidades y sus capacidades plenamente adaptadas a su vida social.

Un cielo terrícola y un clima reparador salvaguardado por verdes prados

y campos exhuberantes, la tierra para quien la trabajaba era lo justo.

Trabajo manual e intelectual equiparablemente equitativo.

No, no fue un sueño karmico ni una ensoñación enmedio del almuerzo laboral. La vida y todos sus manantiales de riqueza fluían sin descanso.

La leyenda de los indomables se fraguaba bajo la luna, entre comensales satisfechos

y lluvia de verano. Contingentes de comida y toneladas de risas.

Los coches y las pieles en plena inercia enmedio de caricias suntuosas

afloraban entre distintas clases de familias y relaciones.

Despegaban los impulsos, las pulsiones se controlaban y expandían sin traumas ni censura.

Sietemesinos de la razón y muy críticos, neonatos de un nuevo mundo maravilloso y fiel, porque la fidelidad se plasma ante la verdad y los hechos.

De vez en cuando llegaban a las orillas de las playas botellas con mensajes de náufragos doloridos que se habían exiliado voluntariamente por disidencia a las nuevas ideas. Y con el viejo pensamiento todavía a cuestas, pedían socorro en su recóndita isla escondite, donde no habían encontrado ningún tesoro enterrado. Muchos de ellos fueron rescatados por esencias buenas y nada susceptibles respecto del miedo a lo desconocido.

Los diferentes sin mucha conciencia aprendían pronto a aceptar y a atender plenamente.

Esos juicios de valor de antaño, cuánto daño. Resarcidos los hijos de los dolientes en clases y formación. La sangre y el grito de guerra se iba transformando en un proceso material y científicamente evolutivo,

que caminaba hacia el superior desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción en manos de la mayoría.

Y los enamorados de la vida cantaban a los cantautores de la revolución, leían a los poetas malditos,

a Lorca, se fundían emocionalmente contemplando películas de Buñuel,

rememoraban a Stendhal y su síndrome contemplando cuadros de Dalí y de Picasso. No era perfecto pero era precioso poder decidir.

Y las ideas colectivas de los seres sociales eran unipersonales, propias, ricas y llenas de matices.

Repoblar el mundo invirtiendo en recursos. Los duendes del deseo

visitaban a la gente durmiente para reparar los posibles errores.

Rectificar era de sabios a ciencia cierta y nunca mejor dicho.

Y la mayoría eran por fin dichosos, aunque posiblemente hubiera mucho más que contar, si bien las cosas esenciales eran tan simples que muchas veces no hacía falta perderse en los detalles.

Los frutos de la tierra eran del pueblo. Y como en tiempos pasados las puertas de las casas permanecieron siempre abiertas, sin cerraduras.

Para que los amigos se considerasen entre iguales. Pues apenas perduraba la delincuencia y los actos violentos.

A partir de una época lozana que transformó el destino y que todo hombre recordaba, los movimientos de los planetas y del mundo gozaron de su verdadero rigor matemático, siempre dialéctico, siempre libre, siempre profundo, siempre sencillo, claro y diáfano, aguerrido, valiente.