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REENCUENTRO AD HOC

Maniobras de escapismo

en noche plastificada.

Noches de suicidio cognitivo

y cabaret pop. Sideralmente resarcidas a través de la banalidad-

El Poeta Halley, es mi compensación de un amor letargo;

y Love Of Lesbian y su musa cancionera

se amplifican en mis oídos, planean.

A contracorriente.

Un retardo acústico se impregna entre las paredes

y el mobiliario vintage.

Y tú ya sabes que te espero

en los ratios de mi soledad vencida.

¿Acaso alunizará algún platillo volante,

algún duende, elfo, Hados, Homero, los Aedos griegos

con su mitología falsaria

pero grandilocuentemente connotativa,

aquella que arreciaba en mis estudios de secundaria?

Leo a Bukowski y el Realismo Sucio de los Poetas Malditos.

Y me doy cuenta de que he perseguido excusas para no ver la realidad.

Boomerang que explota en cada emoción catárquica.

Pero compensa… ¡Ay, compensa tanto… y tanto…!

¿Por qué no imaginar a partir del imaginario colectivo,

acerca de mis leyendas urbanas y urbanitas,

divirtiéndome con los espíritus del mito de Cthulhu

y un poco de Poe y Lovecraft

y así lograr amenizar la sala de las muñecas tristes?

Cuando al fin doy contigo

siempre es en la inmaterialidad de mi ser social

desdibujándose la conciencia como un cortapisas.

Tan solo representas un recuerdo solapado. Tú, renegado. Yo, despechada.

Hasta tu vuelta de aspirante al trono de la princesa.

Amigo Prometeo,

si nuestra cárcel es un látigo certero,

búscame en otros mundos,

aunque estén en éste.

Aquella mañana de calor pegajoso

velado en el trasiego de nuestras carreteras infinitas

donde nos despedimos sin hablar,

no nos dijimos adios siquiera con un gesto,

ni mirada lasciva de complicidad

pues fue un descuido.

Ahora, en mi carrusel vuelas escondido y con muchas mujeres felinas

por los pafetos de vidas cercanas;

Y yo, recorro humildemente los cafés costumbristas literarios

fumando tabaco americano y festejando el copacabana; bailando bien.

Bailando, sí, como una danzarina novel pero perfeccionista,

enfilada hacia el fin del infinito,

en un abrir y cerrar de ojos. Con prisa pero sin pausa,

hasta donde llegue mi existencia. Manifiesto delirista, como la canción.

Soy capaz de huir de mi propia cárcel con voluntad y valentía esforzada.

Lo logro. Con medalla incluida y reconocimiento político y social.

En mis noches aciagas vuelvo a empujar el horizonte tapado por lo tenebroso.

Inmediato ratio de incognoscibilidad desatendido.

La respuesta está en la alternativa revolucionaria,

animal y salvaje,

de un beso en nuestros labios resecos.

En cafeterías connotativas y conceptuales,

de tertulias poéticas y rimas y leyendas cognitivas y conductuales.

Igualmente político-ideológicas, donde mis manos no pesen nada, floten,

y donde beber de tus fuentes, maestro taciturno y serioso.

Maldita dulzura la tuya.

Pretendo Cielos pretendo…

éxitos en la lucha,

caricias en las mejillas y abrazos chachi.

Es lo que determinaría una imagen fugaz

que pudiera quedarse conmigo eternamente.

Y se personificara como hombre. Como en una alegoría mágica.

En los bailes. En cada cambio de estación.

En los parques de tránsito,

llenos de globos, espumas de azúcar y niños replicantes,

de ancianos que se rebelan ante el final impoluto,

reflejo de mil pulsiones desangeladas.

De Eros y Tanatos.

De vida y muerte.

Te busco.

Te busco en cada respiración y pálpito,

en cada paso desaforado.

Tus ojos claros se clavaron en mis pupilas esmeralda

en aquel recuerdo veraniego.

Entonces inspiro fuerte

y te veo en la calle como un destello cardíaco y muscular

porque mimetizas los rasgos en cada caballero andante,

en cada chico fumador,

en los muchachos limpos y transparentes

que pasean con una sonrisa descomunal, luchadores.

Y aquellos que leen la plantalla del móvil y ocultan su rostro

mirando cabizbajos.

Y me parece escuchar tu silbido de caramelo y azúcar glass,

envuelto con celofán de colores,

al son de la música indie de un pretérito perfecto de indicativo.

Y, es más, cuando me gire, serás tú.

Cuando observe caer la lluvia de verano,

serás tú.

Cuando el frío nos visite en su ciclo prodigioso

y nos vista de pájaro azul tipo Fénix,

serás tú.

Cuando el manto nuboso me envuelva,

serás tú.

Serás tú siempre, amigo dulzón,

siempre preso de mi propio propósito.

En los arrabales de una ciudad lejana y aciaga, pretendidamente prohibitiva,

próxima a un palacio soterrado,

sinérgico, paramnésico y psicológico.

Como un misterio que conduce a un tesoro bajo el suelo,

aparecerás casi sin pretenderlo.

Será un reencuentro casual, singular, paradójico.

Porque en realidad nunca te fuiste.

Sueño mis evocaciones

en medio de la caída vacía.

La de dos ángeles penados condenados al ostracismo.

Solo necesitamos despegar.

Porque te confundí con una morada sucia y obtusa;

sabes que la moral judeocristiana y estatal

nos persiguió como a gladiadores en el circo.

Tú con tu buena posición,

yo con mi delicada situación.

Pues te digo: nos convertimos en gigantes con piés de barro,

Davides transformados en auténticos goliardos erráticos y errados.

Nuestra jura es la conjura.

No sabes cuánto espero el reencuentro.

Si bien, no sé lo que me voy a encontrar,

según sea MUERTE O AMOR.

REENCUENTRO AD HOC.

“Puede que por fin comprendamos nuestro silencio tendencioso”

HAIKUS Y SENRYUS DE OCCIDENTE

Olas arrecian

en el invierno blanco

del mar. Tormenta.

Mi piel envuelve

como manto sedoso,

al niño amado.

¿Sin más te fuiste?

Aventurero hostil,

viajero… ¡vete!

Bodegón grácil.

Naturaleza muerta

de setas y lluvia.

La loba asoma

su hocico helado al ver

a sus lobeznos.

Ten mis cerezas

pues corro al río

a bañar mis pies.

La dulce luna

preñada por el sol

formó un eclipse.

Acalorado,

solo cogió en sus redes

coral y placton

CUMPLEAÑOS, MON AMOUR

Música para amenizar el poema:

Trisomie 21 – La Fête Triste:
https://www.youtube.com/watch?v=Rfxf8PQi5B4

Golpes al azar, arañando el cristal de los vasos,

bailando en la cuerda floja, tiritando;

me dijeron que los reyes eran los padres,

años atrás de supurar humo y promesas variopintas

y en esos días raros floreció la tierra yerma,

hasta que sublimé el copacavana y el claqué.

Olvidar afrentas para no esconder ciertas reglas.

Una caja de bombones, los conffettis lanzados al aire vacío, escanciado

de un comedor desangelado. Un payaso que llora. Es tarde para la lección

acompasando el canto de los canarios enjaulados en el salón de té.

Me regalaron una caja de zapatos de charol. Y un reloj de mano,

endiabladamente cruel un beso de mamá fue a parar a la mejilla.

Abrazos agrios, pena en mi cordura. Atención plena en párpados agitados

que observan y ríen desaforadamente porque tía Rita tropezó con el mueble.

Tu recuerdo es un pájaro lapislázuli en tu ser sabio.

El consejo se ha reunido aun sin culpa ni herencia bendita.

Las alas del ave Fénix no resurgirán en mis doce años de amor bordado.

Aun rememoro tus sábanas, manteles y tu-yos.

Como las velas que no encienden el flujo infinito de luz

sino que se ahogan en mis pasos mientras ando pendiente de un hilo. Desaforadamente.

Pretendo, ojos pretendo, alcanzar el valle exhuberante

de los imperios ancestrales de mi legión de hermanos,

los niños ¡oh, los niños!

y la resiliencia. Amén.

Papá era un clamor de expresiones de afección desafectada.

Y el llanto silenciado apremia pues no hay tarta ni dulce terna.

Tan solo pedía el ángel un minuto de complicidad,

cromos y scalextric. Paz.

Un proyecto orquestado con innoble tiento

y los viejos del lugar ya están aquí. Con sus infantes al margen de todo.

Sin tregua no hay rendición. Y yo, tan exhausto. Chanzas de sobremesa.

Y la traición. Ay, la traición y lenguaraces caóticos con sus chismes de pijoaparte. Los corrillos, ay, los corrillos.

Los churumbeles del carbón conjugan verbos y calculan ecuaciones

antes del ágape. Si me dejase caer, sería como la implosión del soldadito de plomo. Y esa tienda de los horrores…

Cae el líquido fluorescente con pausa y mucha alevosía,

dentro de los vasos de cristal arañados,

cae la procesión de los beatos, cuatro mocosos reinciden de nuevo

alterando los factores.

Y se ponen a fumar en la terraza.

Asimismo, como en un abismo de hiel, el pundonor

es la versión de sus directrices respecto de los gestores antinatura.

No, la física moderna era antagónica con la física cuántica.

Prefería cien mil veces la tabla periódica, a modo de compensación.

Todos reían y el payaso por fin determinó su marcha hacia el infinito canibalismo,

una fuerza le impulsaba… a la marioneta clown,

pues quedó allí mismo en un rincón, abandonada como yo,

mientras mi identidad infantil pensaba… qué pasará de mayor.

Cae mi vaso, cae el amor, cae dios, caen los santos, el fulgor,

cae la fanta de naranja… y el tiempo se detiene… y todos bajan la cabeza y…

Y después la levantan avergonzados…

y por fin me miran.

En el imperio de la post-verdad,

cumpleaños, Mon Amour

Fantasmagonía y la luz

Deshaciendo los monstruos estresantes del inconsciente: leyendo

Fantasmagonía y la luz,

tres seres vampiricosatíricos hacen la ronda nocturna,

una luz que expande el aire limpio matinal,

y un puente entre aquí y allá.

El despertar está cerca

para ir a trabajar.

Planeador de días lumínicos,

mi protector, despertador. Suena… adyacente al mueble.

Y añado más… claridad. Amanece.

Trabajo, activismo, destino bien avenido. Aparecen.

Copacabana y café.

Escucho los sonidos del silencio en una atmósfera ácida pero fetén.

No importa. El blues del luchador, matrices, sumas, cálculos

y planificación científica. Y masculla la canción:

¿Cómo es posible que haya estado en tus infiernos…?

Es imposible…

Y quien tuviera su don…

Había expandido su visión global desde Lima a Rekamik…

Queda lejos la angustia brutal. Se desvanece.

El espacio físico se volatiliza, están muy lejos.

Del caos a la dialética y me digo: el bien, el mal.

El yin y el yan.

Ese duelo subterfugio lo confundí con la leyenda urbana de mi vida.

En mis mapas no hay por qué guerrear contra molinos de viento.

Acabo de rellenar los datos en el ordenador y me marcho…

Vuelvo al recinto singular, prebiótico, asfixiante, delirante…

Pero me queda el café y esa luz artificial que me acompaña.

Leo a Engels, escucho a Brahms, releo a Mark Twain.

Y todo es volátil, como cristal, mentiras y chanzas desoyentes.

Y surge de nuevo el puente entre la teoría y la praxis.

Aquí en lecho ajeno se queda la esencia que nunca he de tocar.

A la mañana siguiente el combate y un puñal.

Para rasgar el aire viciado, destruírlo y aclimatar lo bueno.

El viento susurra cánticos de esperanza

y vuelvo a brillar con el poeta Halley.

A pesar del vampirismo de injerencia, de la soledad.

Deseos milimétricos, informes, vendaval dorado y adorado.

Lluvia de ideas felices hasta ir de nuevo al hogar.

Y allí me esperan mis libros, mi aliciente oscuridad.

Por ello, esos seres, “el estrés”, duermen para siempre,

en estado horizontal. Y la luz ya no es inerme,

sino un fulgor crepuscular.

Suena el móvil, son las ocho, me levanto y a volar.

Sin embargo, lo parece, si bien, no es un vuelo, es un ciclo a superar.

Fantasmagonía y la luz.

Esperar. Desentrañar.

Fin del hechizo.

Me marcho a otro lugar.

LA CALMA UNA MAÑANA

Salgo una mañana sin sol

con un frío atronador,

me pongo mi mejor chaqué,

los gemelos dorados y adorados por el dedo divino,

no hay color entre las hojas caducas más que el verde clásico.

Sibilino.

Pero lejos de abstraerme y ausenciarme en el paisaje

me dirijo a la boca del lobo

pisando las hojas marchitas del otoño de Fausto.

Y el pacto no lo cerré,

no, no, no lo cerré.

Ni vendí mi alma a Lucifer, ni pequé de ingenuo.

Solo un genio sabe ser valiente y buscar un disfraz renacentista,

pasar del dentista ese día,

tomar un café con canela,

solo y burlando a la bestia,

mimetizada entre el estrés. Y aparqué mi coche en doble fila.

Y bajé y fui valiente… y bailé y bailé. La fiesta era un carnaval.

Elegante y contumaz. De libertinos con aire disfuncional

que sonreían al aire… yo tomaba cocacola, y me dejaba arrastar.

Hasta que ví mil sonrisas, no todo es al azar.

La multitud multirracial vino a quedarse sin más.

Y yo valiente, valiente, porque no quise pactar.

El diablo planeador se las sabe todas,

pero el círculo era humo de cigarrillos

que traspasan solo carne y sudor.

Mientras yo… tomaba cocacola y fumaba de liar.

Venecia en casa era un arrabal de poesía por formar.

Cogí las letras y los recursos estilísticos

cuando constituí un soneto directo al corazón populeyo.

Popular, popular, porque fui valiente

en la hoguera de las vanidades.

Ni Fausto, ni Dorian Grey se lo creerían.

Más contubernios aplaqué, solo con refrescos y café.

Porque yo no pacté, todo era risas y claqué,

en la cercana mañana sin luz,

esperando el amanecer. Los ángeles, querubines de ensueño

y las hadas y las ninfas, me esperaban en las esquinas,

cantando a Sísifo para que se deshiciera el maleficio.

Y pensé: todo el mundo es bueno,

mientras no se demuestre lo contrario,

porque no pacté con el estrés.

Venecia era soflama, carnavalesco y amnésico,

pero no importaba. Porque no pacté.

Un satélite se asomaba con irradiaciones matemáticas

lleno de autoestima para repartir,

metáforas y poemas, escrituras magníficas,

con sus justos puntos y comas

y sin un ápice de retórica.

El deseo se difuminaba por doquier,

entre las esquinas angelicales

mientras buenas almas con ese sentir ángel me sonreían

y me invitaban a cocacola y a café,

desperezándose al sol de la mañana consolidada.

Eran la ocho y me fuí a coger el bus, tras la ducha

y el sueño de la noche pasada. Todo estaba bien,

porque yo no pacté

con la física moderna. Soy de los clásicos.

Hice lo que quise.

VIDA

No sabiendo, ni sé que hay más allá de agosto…

Certezas no existen, el día a día… planeándolo todo…

prisas, estrés, lluvia de estrellas fugaces.

Soy la vida, eres tú.

Me anima el cotarro de las fiestas,

el sol se vislumbra alto y se pone más tarde.

El calor ya nos acompaña.

Y la metodología falla. Como por arte de magia,

si no contiene fórmulas.

Es la vida, soy yo.

Coches, escaparates, fallas, petardos de todos los colores.

Septiembre vendrá a buscarme, octubre, noviembre, diciembre…

Y aun no sé que hay más allá.

Incertidumbre, realidad, dos planos y un prisma asociativo, lleno de sospechas…

La vida acecha, como el detective que busca al espiado. Si no sabes

aceptar.

Hay gente alrededor, miran de soslayo. Enfrente, comercios,

el andén del metro, un mercado, acompañamiento singular. Marea ciudadana,

un vendedor de lotería, ideas vanas, primitivas, las de los perros y gatos callejeros que buscan comida.

La noche caerá y caerán los cuerpos rendidos por el trabajo asalariado. O quizá por brillantes cálculos de mercado, o inventarios que no ofrecen una facturación acorde.

Son fallas y no entiendo el por qué de los fallos y las eternas multiplicidades. En la majestuosidad de la incognoscibilidad. Mientras no sonría a lo que viene.

Menos mal que hace buen tiempo. Y el orden cronológico se sucede,

mientras los músicos tocan y la farándula misantrópica contempla desde afuera. Son las cosas del querer. Como yo, es la vida, ya lo sé.

Churros, buñuelos, pañuelos, muchachuelos, todos sonríen al aire.

Mientras el sol se esparce por el horizonte avispado. El indomable poeta Halley suena de nuevo. Una canción reveladora.

Mientras no llueva habrá alegría, piensan, barruntan, encogidos, esperanzados, los destellos de luz.

Y entonces, solo entonces, vuelvo a considerar ser pacífica y soñadora,

y hacer caso a la vida y al cometa, al poeta y al asceta. Mi poeta Halley.

Como dos y dos son cuatro, mi planeador me ha ayudado.

Vuela por el cielo desgajado, estrellado y nuboso, resarcido de los malos humos de abajo, de los vehículos y el ruido.

Pero cuando pienso que es la vida, que soy yo,

y que vendrá el fuego purificador,

solo me resta discernir que el morir es el nacer.

Que el pasado nos es dado, que el futuro es invisible,

que el presente es lo usualmente anillado,

que el fluir es la verdad, lo contemplado en el momento.

Desde la óptica de la naturaleza en movimiento.

Lo dual, qué arte es hacer de la vida un pliego,

un manual gnoseológico.

Es la vida, eres tú, el conocimiento.

Y comprendemos que al final

el estrés es una quimera maldita,

en el imaginario colectivo.

Yo solo pasaba por aquí y dejando mi huella impoluta

vislumbré el jardín de las delicias

y una gran simbología.

La vida es alegoría, eres tú, soy yo, es alegría.

La sincronía de las cosas

Compañeros de batalla,

compendiad los éxitos en la lógica,

adelante, adelante,

en los justos momentos en que nada ocurre,

en los oasis y en los hechizos rutinarios,

en los desastres.

Besos y abrazos sinceros claman.

En medio de la catarsis del misterio,

una puerta se abre,

cogiendo aire en el recuerdo,

pero siempre nos quedará Paris,

un rayo de sol

y la esperanza.

Caja de Pandora no falla a los deseos,

y aspiramos aire impoluto y

cogemos forma de pájaro sereno,

en la inmediatez del viento y las tempestades,

también de la claridad del firmamento.

Y el despertador suena

mientra levantamos los brazos en nuestros desperezos,

y afuera buscaremos a los maledicentes y goliardos.

Y los venceremos resarcidos y resguardados en un nido de calor de cielo.

Y resurgiremos como el Ave Fénix,

grandilocuentes y risueños,

apaciguados.

En la carrera de los cien metros lisos

o en el triple salto.

Saldremos al espacio infinito con una sonrisa sin fango,

con los zapatos enlustrados de brisa bohemia y claqué,

teatro romántico y la pureza de un café en el bar.

Nosotros, adelante, adelante.

He vuelto donde solíamos cantar y bailar

y me he encontrado un banco de imágenes graciles,

como en una infancia atemporal desplegada.

El rencor y el odio cabalgaron hacia el infierno,

y donde solía haber metal y sulfuro

ahora hay oxígeno e hidrógeno

tras la quema purificadora.

Y con las manos y en vertical y en transversal,

en un punto medio del corazón y la mente,

allí donde solíamos gritar,

me abrí paso entre la multitud,

nadie me prestaba atención

en el capitalismo aciago, individualista.

Porque yo me fui con los míos.

Ya hay paz al menos,

en la contienda rehabilitadora

y en las conciencias inteligentemente hacedoras.

Y la luz de la mañana me acompañó anacrónicamente,

por el sendero del trabajo y lo amistoso.

Namasté era poco, sobre todo, fue así para siempre.

En la sincronía de las cosas.