Reseña detallada de la novela de Elvira Lindo: Lo que me queda por vivir.

(Con pocos spoilers)

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Elvira Lindo, biografía y trayectoria literaria. La podéis encontrar en este enlace que os vincula con la WIKIPEDIA: https://es.wikipedia.org/wiki/Elvira_Lindo

EXTRACTO DE LA WIKIPEDIA PARA PRESENTAROS A ESTA EXCELENTE AUTORA:

Elvira Lindo Garrido (CádizAndalucía23 de enero de 1962) es una escritora y periodista española, conocida principalmente por ser la creadora de Manolito Gafotas. Su actividad ha abordado el periodismo, la novela y el guion televisivo y cinematográfico.

RESEÑA LITERARIA PROPIA

La edición que tengo es de 2010. La primera edición.

Es una novela muy interesante y sugestiva porque es un libro intimista, a veces, conceptual en sus acepciones, figurativo y poético otras, simbólico en sentimentalismos sin la necesidad de recurrir a la banalidad, ni a tópicos repetitivos, muy al contrario, resulta elegante incluso frente a la tragedia y siempre fiel a la realidad, anteponiendo hechos que cristralicen en una causa realista que los pueda convertir en un reflejo pragmático de una época denotativa y también dura y permisiva. En definitiva, una novela altamente recomendable, con diálogos que se justifican tanto por las acciones como por las sensaciones vivenciales. Las descripciones son esmeradas y concienzudamente elaboradas situando cada elemento en su punto verdadero de inflexión en momentos álgidos, por ejemplo.

El contexto histórico versa en torno a una etapa fundamental en la vida de muchas personas de los cuarenta para arriba y, por consiguiente, me parecen importantes todos los aspectos que toca. No son solamente subjetivos; como en casi todas las cosas, poseen tales aspectos, una parte material, ya sabemos que suele ser dialéctica la naturaleza de los sentimientos, sensaciones, situaciones, relaciones entre elementos que definen una acción en tiempo y lugar, unas consecuencias en los giros del argumento que juegan eficazmente con las contradicciones de cada cual, en sus sentimientos encontrados, en las dudas y miedos consuetudinarios, los de todos nosotros durante alguna parte de nuestra vida. A su vez, logra que nos sintamos identificados en alguna porción de la argumentación, a partir de algún personaje en concreto, respecto de alguna situación que hayamos podido detectar o asociar, etc.

De todos modos, el personaje central de esta gran y corriente historia del Madrid rupturista abierto a la transgresión y al desenfreno, a las novedades y también a los tóxicos y al sexo libre tras una dictadura, entremedias de la Transición, y pretransición, merece su consideración intrínseca a la hora de ser el personaje destacado por antonomasia, tanto por su personalidad particular, como por sus rasgos y pespuntes, bordado en oro del bueno, meticulosamente definido, no siempre por lo explícito. Se hace necesario indagar en él. No siendo tampoco un recorrido semántico que medie en lo escandaloso, sino todo lo contrario, es tan fina su escala de grises y tonalidades que conmueve y emociona, por la hermosura de las palabras y las conversaciones ágiles y creíbles, como cuando veíamos el resurgir, nosotros mismos, posiblemente, de una libertad a medias, filtrada a través de una serie de condicionantes adicionales. Antonia tuvo que sacrificar algún que otro proyecto, superar barreras generacionales y también de identidad de género. El tema del aborto, en la práctica, todavía clandestino, era tabú en la medida en que se resuelve, en dicha contextualidad, teniendo en cuenta el riesgo jurídico-penal y físico. No lo consideréis un mero spoiler, leed la obra.

Parte básicamente de la etapa que transcurre en los años ochenta, principios, si bien, cronológicamente no detalla una clara demarcación, pero nos lo imaginamos por las expresiones, detalles, objetos, recuerdos, ejemplos de la vida cotidiana y alguna referencia temporal indirecta en torno al paso de los sucesivas historias dentro de la trama y de las subtramas en este genial relato costumbrista rigurosamente elaborado con ese estilo peculiar y comunicativo que posee Elvira Lindo y que penetra en el corazón y en la mente del lector tras un proceso de conocimiento desarrollado que no deja indiferente, es más, impregna un sello tan propio como selectivo, porque para adentrarte en esta historia debes superar el capítulo segundo, que es bastante largo. Hay que estudiar pormenorizadamente la obra para darse cuenta de su relevancia, muy a lo «sui generis» y, al mismo tiempo, saborear lo cotidiano, la rutina y la humanidad que destilan tanto los personajes principales como los secundarios y corales. No es una historia cualquiera y no entraña facilidad en su lectura, si bien, el estilo narrativo, de corte meridianamente culto se transforma en un bis a bis con el lector articulando una rotundidad llana, con el uso de un argot elegante pero sutilmente bello y en ocasiones tan directo como un dardo, conjugándose momentos intensos y naturales, de una singularidad connatural.

Esa década, llamada por muchos la Década Prodigiosa, tenía como unos rasgos estables y perdurables el tiempo que duró, profiriendo una serie de movimientos rupturistas y transgresores directamente relacionados con la cultura desglosada en la música, los fanzines, medios de comunicación de sello más independiente, los eventos de todo tipo, actos sociales diversos, etnias y tribus sociales que marcaron a los jóvenes con un distintivo de identidad, aunque también señalaban vínculos especiales con la política, la economía, el arte en sí mismo y, junto a todo ello, la manifestación de unas ideas novedosas mezcladas aun con lo viejo que se resistía a sucumbir del todo, pinceladas muy concretas que derivaron en comportamientos sociales muchas veces, dentro de la vanguardia de las costumbres post-modernas. Un claro ejemplo, la Movida Madrileña extendida también a Valencia, Euskadi, Galicia, o Barcelona, muy especialmente en Madrid.

Sin embargo, este libro, si bien, esconde o revela, según se trate, guiños interesantes, no habla de ello como premisa fundamental, ni su hilo conductor se reduce a contarnos una historia rigurosamente documentada en relación a lo ochentero «per se». No hay clichés ni estereotipos. Eso es algo interesante. Detrás de la leyenda verdadera del Madrid de Rockola, del Madrid me Mata, de la radio y la televisión con aires de crítica social insurgente, existe y pervivirá durante todo el desenlace y final una materialización del afán de superación y también, como no podía ser menos, la búsqueda constante, en el día a día, de un lugar en el mundo con destino a varios de los personajes que aparecen.

Empero, la acción se desarrolla principalmente en la ciudad de Madrid. más en concreto, en la ubicación de una barriada trabajadora. En aquellos años. Aparecen conjuntamente otras ubicaciones y una alternancia con la práctica social en el campo, en un municipio donde vivían familiares directos de Antonia, la protagonista principal y que nos narra el contenido básicamente en primera persona. Aunque lo cuente ella misma en una especie de flashback, el papel dirigente a la hora de contar, se conjuga como el equivalente a una narradora omnisciente. Hay saltos en el tiempo y el transcurso del mismo no siempre se expone de forma secuencial, episódicamente ordenado, puesto que, muchas veces, se trata de recuerdos que rememora Antonia y otras veces, se recrean escenas y situaciones intrínsecamente ajustadas a lo que los personajes sienten, no tanto por los hechos que plasman cada cosa que sucede en un momento dado. Se trata de una amalgama que alterna la acción, la descripción muy localizada de objetos y lugares, de ritos, usos, modas y costumbres, de demarcación de personas con propósitos, en ocasiones inaccesibles afectivamente para llegar a la esencia de una Antonia sufriente y combatiente, representación viva de lo que pudo haber sido y no fue, la búsqueda de compensaciones, la canalización emocional volitiva que no logra cicatrizar el pasado.

Es curioso, pero mucha o gran parte de las escenificaciones situacionales se encuentran narradas en un pretérito inmediato, o sea, un pasado reciente y, en otras ocasiones, en pretérito anterior, pero cuyo registro suelen ser recuerdos, evocaciones o rememoraciones, incluso homenajes póstumos, como cuando menciona bastante a su madre antes y después de su larga enfermedad. También a su padre desapegado y fuera de un lugar contextual sano que le defina sino sea por una vida inventada y oportunamente troquelada para satisfacción mezquinamente personal, derivadas de la sociedad que le tocó vivir y a sus hermanas vivas, conformando una antítesis de personalidad entre ellas y con respecto a Antonia, que hace que se rebelen, cada una a su manera, frente a la madre y a la tía, cuando éstas dominaban pasivamente el feudo rural y vivían todos unidos en periodo vacacional. Los traumas psicológicos atenuados por mecanismos de defensa más o menos efectistas, no dejan de perseguir a algunos personajes que trascienden hacia las segundas tramas.

Por tanto, el contexto socio-político, cultural, económico transcurre en la ciudad de Madrid dominantemente, y ello, por razones estructuralmente justificadas respecto del drama que nos ocupa y, fundamentalmente, por cuestiones lógicas.

Es un libro que habla del reencuentro con uno mismo y del reencuentro con una vida.

SINOPSIS

La protagonista, Antonia, tiene un hijo pequeño, llamado Gabi, quien posee unas características de personalidad y carácter muy peculiares que le hacen ser muy inteligente y, a la vez, muy introspectivo; es hijo único, quizá influya en ello tal circunstancia. La causa o motivos, sin embargo, parecen estar reconducidos por la separación de sus padres y por el hecho de que la relación simbiótica que se establece entre él y su madre, de sobreprotección y sentimiento de autoculpa, sumando la enfermedad cardiorrespiratoria que padeció Gabi desde muy pequeño, le hacen sentirse, muchas veces, vulnerable. En apariencia.

Las relaciones eróticas o amorosas de Antonia con algunos hombres cercanos a su psiquis y con su exmarido, sobre todo, no le son del todo favorables. Con éste último la ausencia de cariño es notoria, esto es, la sombra proyectada por él. En resumen, hay un salto evolutivo en el tiempo y pronto conoceremos nuevos personajes en la vida de esta ambivalente mujer que nos harán comprender por qué piensa y se comporta como lo hace, un poco más en profundidad, la representación de su psiquis, sus déficits de afecto o de asertividad en sus relaciones interpersonales, sus temores, dudas, aspiraciones, etc. Se traza para muchos de forma lógica un guión de vida donde cada personaje cobra su vida propia, mereciendo capítulo aparte, con anecdotario propio, pero contado por la protagonista a través del recuerdo, la culpa y la nostalgia; así, este recurso nos permite conocerlos mejor, y también a Antonia.


Antonia es una continuista y seguidora de los movimientos de vanguardia sin hacerse muy explícita dicha exposición. Unos mínimos detalles la delatan como mujer frustrada, especie de fashion-victim, rol que le permite pasar de moderna con todos los atributos y rebelde, a mujer que ha formado una familia monoparental extraña, con un trabajo exitoso, al menos, que le permite disfrutar de un buen sueldo y por el que ya no se le está permitido vivir la vida loca de juventud.

Uno de los centros nodulares del libro es la relación del niño y la madre, la madre y el niño, vínculo muy particular. Se siente obligada a hacerse cargo, sola, de su hijo, al mismo tiempo, no puede dejar de quererle más que a nada en el mundo, pero a su vez, no puede evitar sentirse culpable por no ofrecerle un padre mejor, que no sea una figura ausente o una familia normal; aunque nunca se lo mencione a las claras. El libro está lleno de pensamientos, deseos, metas, proyecciones y sentimientos. Tampoco puede evitar las temidas comparaciones con otros supuestos casos de amigas de juventud. U otras amigas que vendrán más tarde.

Para muchos personajes el vehículo narrativo parte más de lo que es sugerido que de la verdadera o sincera voluntad. Las falsas apariencias estuvieron presentes en la familia de Antonia y durante su niñez y adolescencia, teniéndose que enfrentar a un reencuentro con la ciudad que tanta vida y felicidad le proporcionó una vez transcurren ciertos años, con un niño a cuestas, muy querido, que tiene que llevar al médico persistentemente.

ESTILO NARRATIVO

Tiene un estilo detallista, esmeradamente meticuloso en la puesta en escena de las situaciones y de los diálogos pero, sobre todo, es descriptivo porque los diálogos están notoriamente justificados, es decir, tiene que haberlos en el justo momento. Aparte de ser comunicacionalmente descriptivo, es emotivo. Habla, fundamentalmente, de sentimientos y de problemáticas psicologicas. Por cada uno de los perfiles de los personajes hace una descripción detallada, en la forma de narrador ommisciente en primera persona cuando habla de ella misma y en tercera cuando refiere a otros sujetos para describirlos, pero en realidad, es un monólogo.

Esta metodología está muy desarrollada, lo hace fragmento a fragmento, pero puede saltar de un fragmento a otro en diversas ocasiones, el modo temporal está en presente de indicativo y, a veces, en pasado, pero cuando habla de su madre en pasado, lo hace a través de la temporalidad del recuerdo.

No es un estilo simple, es complejo. La estructura no está diversificada plenamente, en distintas voces independientes, se trata, más bien, de una especie de monólogo. Refleja no solo las emociones de la temporalidad del contexto histórico, político, social, cultural y económico, para representar que ella es una transgresora con mucho sentimiento de culpa. Queda reflejado en los trazos de sus personales expresiones y forma de hablar y actuar. Transmite dolor, por ejemplo cuando aparece o, mejor dicho reaparece un personaje de su infancia vinculado a la radio, Jabato, ya veréis por qué si decidís leer la novela que yo os recomiendo encarecidamente.

AMBIENTACION Y ESCENIFICACIONES

Se expresa también una forma de vida, un modo costumbrista de vivir y una variopinta serie de ritualizaciones: la forma de describir -esto es un claro ejemplo- cómo transcurre la enfermedad coronaria de la madre de Antonia es como una diminuta alegoría. Para decir que le implantan un marcapasos la forma de describirlo es muy coloquial, a través de figuras retóricas como las comparaciones y los símiles, de tal modo que su corazón es como un reloj con un grabado. Es un lenguaje que, en tales ocasiones, queda muy cercano, muy próximo. Otro ejemplo gráfico es el de las fotos de los muertos, ejemplificado en este fragmento textual, que dice así: «la muerte era una circunstancia de otro tiempo, de otro siglo, casi un cuento de fantasmas. Los fantasmas de los familiares poblaban todas las casas, en particular en la casa de mi abuelo, eran invocados a diario por mi tía Celia. No sé si era una peculiaridad suya, una especie de costumbre arraigada entre las mujeres solteras; las madres cuidaban a los vivos, las solteras a los muertos. Mi tía les llamaba con un gran sentido de la propiedad, mis muertos. Los retratos de sus muertos estaban colgados en el sombrerero recibidor, muy a tono con el tresillo de madera y enea de la misma época de los retratados«

[Se puede observar aquí cómo es la meticulosidad cromática, de contorno, de forma, de sentido, de esencia de las cosas y cómo éstas están descritas]

«Era ese tipo de fotos de principios del siglo XX de gran calidad que nos acercaba con enorme precisión la presencia de seres humanos. Yo las miraba una y otra vez a la luz de la bombilla queriendo descubrir algún detalle nuevo que me uniera a esas mujeres, mi bisabuela, mi abuela, subidas a un coche de caballos, vestidas como heroínas de novela aunque un novelesco quedara frustrado, adusto y desconfiado de la gente de pueblo para la que ser retratada era algo amenazante y excepcional«

Este podría ser un ejemplo pragmático de cómo se vivía en la España rural a finales del siglo XIX, siglo XX, hasta mediados.

Hay otras elaboraciones narrativo-descriptivas acerca de la vida rural como un puente entre dos mundos contrapuestos que no tienen más remedio que comunicarse entre sí aun cuando sea a través de un finísimo hilo. Es pragmático el hecho de que Antonia describa las diferencias de mentalidad y cultura de los niños de ciudad, poco acostumbrados al asilvestrado ambiente de bosque y trazado campestre, con rutas inigualables, casi sincréticas, puesto que llega a concluir en este dilema o dicotomía que ella se sentía entre dos aguas alcanzando a comprender a los muchachos de ciudad cuando no debían ni por asomo empuñar un arma de fuego de caza de los mayores, la falta de sentido de identidad pues se sienten perdidos en un hábitat desconocido que no pueden controlar.

También alabo cómo describe la vida en naturaleza, exotismo exhacerbado cuando se nos muestra un soterrado elenco de eufemismos para no poder decir las cosas por su nombre en cuanto al criterio comportamental, o como el recurso que se nos transmite mediante la vida secreta que parecen empuñar figurada y poéticamente los objetos de la casa cuando la tía se queda sola y los chicos salen a jugar afuera, pareciendo que el ambiente otrora repleto de enseres se volviese diáfano mimetizándose con el aire, con el entorno tranquilo y silencioso. Una parienta que no es, en esencia, tal y como nos la pintan pues el ascetismo simulado parece ser un escudo para no ser reconocidos sus sentimientos interiores y sus contradicciones. Lo que pensaba verdaderamente del Comunismo o la afición por la lectura de Galdós, son un claro atisbo de doblez.

La descripción de los materiales de que están hechos los utensilios y las cosas inermes, la poblada vegetación exterior, la sutileza del carácter provinciano que se vuelve en rudeza cuando se trata de enarbolar el rol que a cada cual le compete, el abuelo, tan rústico como el padre y tan sometidos a los convencionalismos que ofreció la guerra y la postguerra, tratada con enorme entereza como consecuencia de determinados arquetipos del régimen perfectamente delimitados y que estaban condenados a ser borrados con la Transición posterior, con la apertura de la democracia y algunas parcelas de libertad sobrevenida previa. Resultan ciertamente elegantes las imágenes simbólicas y un realismo crudo y repentino, utilizadas herramientas, siempre puestas en segundo plano, excepto en el desenlace final, pues son la canalización de lo que ocurrirá después, casi al final del libro, no lo voy a desvelar, por otra parte.

Antonia siempre intentó rebelarse y luchar a contracorriente y finalmente ocurre lo inesperado, como contraposición a lo que parece ser la tónica genérica de todo el libro, maravilloso, por otra parte, donde se da un giro con la incursión de nuevos personajes poco más allá de la mitad, para asombrar por la brusquedad de los acontecimientos en los últimos capítulos. Agradablemente, con cierta justicia, vamos a decir, el final conclusivo es materializado en catarsis.

Ya os digo, a mí esta novela me ha encantado, no solo por la historia que cuenta sino por cómo la cuenta.

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