La poesia es vendaval

Photo by Arvind shakya on Pexels.com

Murió la llave de la poesía del conocimiento sensitivo.

Aquella que me hacía esforzarme y pensar.

Nació la estrella de las mañanas,

de las que los poemas eran sudor y sangre derramada.

Murió la esencia

naciendo brava,

la pura exisencia.

Dudas infinitas en diciembre próximo.

Un callejón sin salida,

que atisba lo lejano.

Oh, la llave de la poesía

me guía a las puertas del entendimiento

que aflora en la razón pura,

la lógica en solitud.

Me vestiste de negro

como en luto enloquecida,

plañideras desaparecidas,

esparcidas entre versos llorones,

y entonces vi la desnudez de la vida

y la crueldad del aire.

Cuando rancio se estanca entre rincones.

Tendré que salir con la llave de la esperanza

pues el amor por las flores y los parques

se diluye en un instante fugaz,

de luz eléctrica que absorve mi intelecto.

Y esas noches que la luna me dicta el fundamento

de mis historias ficcionadas en largas y pertrechas

malas palabras por doquier.

Cuidémonos y cuidaremos el universo

y el asfalto de nuestra ciudad o pueblo,

tras la lluvia,

que purifica

sin preguntar

a quién rocía el rocío ambiguo.

Que refrescan a las llaves cambiantes

que transmutan paraísos

del Nirvana del esfuerzo.

Es la poesía un vendaval

que me grita: sal, sal, sal ya.

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