La poesia es vendaval

Photo by Arvind shakya on Pexels.com

Murió la llave de la poesía del conocimiento sensitivo.

Aquella que me hacía esforzarme y pensar.

Nació la estrella de las mañanas,

de las que los poemas eran sudor y sangre derramada.

Murió la esencia

naciendo brava,

la pura exisencia.

Dudas infinitas en diciembre próximo.

Un callejón sin salida,

que atisba lo lejano.

Oh, la llave de la poesía

me guía a las puertas del entendimiento

que aflora en la razón pura,

la lógica en solitud.

Me vestiste de negro

como en luto enloquecida,

plañideras desaparecidas,

esparcidas entre versos llorones,

y entonces vi la desnudez de la vida

y la crueldad del aire.

Cuando rancio se estanca entre rincones.

Tendré que salir con la llave de la esperanza

pues el amor por las flores y los parques

se diluye en un instante fugaz,

de luz eléctrica que absorve mi intelecto.

Y esas noches que la luna me dicta el fundamento

de mis historias ficcionadas en largas y pertrechas

malas palabras por doquier.

Cuidémonos y cuidaremos el universo

y el asfalto de nuestra ciudad o pueblo,

tras la lluvia,

que purifica

sin preguntar

a quién rocía el rocío ambiguo.

Que refrescan a las llaves cambiantes

que transmutan paraísos

del Nirvana del esfuerzo.

Es la poesía un vendaval

que me grita: sal, sal, sal ya.

Lady apertura y johny celeste. una historia de amor visceral y anacronica

-Cuando todo esto pase, prométeme que alcanzaremos la paz sin fingir.

-¿Cómo, mi amor?

-Haciendo y hablando de cualquier cosa.

Desde el corazón de las dulces mentiras, la entropia de las cosas seguía su curso. En aquellas dos casas separadas por un fino hilo de simbolismos oníricos y percepciones sinceras pasaban los días sin mayores lamentos que los apercibidos en las tormentas de un cercano diciembre.

La andrógina Lady leía a Simone de Beauvoir con voracidad.

Johny admirador acérrimo de Cash, consideraba, por encima de todo, a Lady Apertura, como la mujer de las dudas infinitas, con esa absoluta equidistancia que propugnaban sus acercamientos en aquellas mañanas de un trémulo noviembre donde sus almas sellaban sus sentimientos almibarados pero sinceros, de esos de antes de la guerra, a través de la ida a comprar al supermercado o mediante los encuentros fortuitos sacando a los perros.

Se habían dicho muchas cosas en poco tiempo, solo que su sinceridad, convertida, muchas veces, en suspicacia, les hacía resignarse y guardar sus emociones para el watsapeo bilateral donde brillaban dos estrellas refulgentes en unas noches varadas y desangeladas.

-Hoy no traes tu robot. Parece que no vas a comprar tanto. ¿Llevas tú el carro, entonces?

-Sí, no tiene importancia. Yo siempre me sumo al carro.

-Intenté llevar a casa a una conocida, Johny. Para reemprender conversaciones intelectuales armada de valor y así someter a dictamen mi estímulo autodidacta, cuanto menos, poner en perspectiva mi capacidad de análisis multilateral y mi asociación de ideas, más cercana a la asociación libre, digamos… Pero se negó. Dijo que se aburría conmigo.

-Pues en la convención de cerebros innatos, con coeficiente de más de 180, me negaron la propuesta que hice de alargar el tiempo de estudio hasta los treinta años si no tenías una salida laboral, opción fuera de toda regulación en el marco del estado y la ley de la docencia vigente, pensando que los centros de estudios asumían sus propias competencias al respecto.

-.Nada, johny, no hay que pensar demasiado.

-¿Y si pensáramos en nosotros y en nuestra relación?

-Qué corte, ahora todas las relaciones son de conveniencia. Nos señalarían con el dedo. Tú eres de familia Servily y yo de linaje especial, tengo más privilegios que tú -Expresó Lady con vehemencia-.

-Podríamos intentarlo de nuevo -manifestó Johny un poco aturdido y avergonzado por lo que acaba de decir.

Los dos se acercaron, tras la declaración de intenciones a su casa con el noble objetivo de cambiar el sesgo de sus vidas. Dormirían profundamente en su camastro de oro y de sueños de príncipes adorables, hasta despertar y comprobar si seguían siendo los mismos o algo habia cambiado.

El asfalto se volvía de colores vivaces recordando a los semáforos antiguos, las señales aéreas bifurcaban caminos en direcciones ambivalentes, según dónde fuese el ciudadano de a pie, giraba por un desvío autopropulsado o sencillamente, los más avispados, se daban una carrera impulsada por saltitos falicitados por las botas portentosas can Yourbit, la multinacional sin igual.

Sus perros se fueron solos recordando el camino a casa de cada uno de sus dueños porque les habían hablado en su propio idioma perruno. Actualmente existían diccionarios al uso para tal efecto morfolingüístico. Todos los ciudadanos de Onirium poseían un perro como animal de compañía. Se sabía y además, era un hecho cientifico comprobado, que dicha circunstancia favorecía la productividad de los trabajadores. El cariño entre especies era lo mejor.

Durmieron Lady y Johny mucho mucho mucho. Durante horas, se diría que rayando las 72 horas de asueto completo. Gracias al Sueñorama y a una solicitud vacacional aprovechando las horas por asuntos propios.

En esos tres días tuvieron tiempo de hacerse novios oficialmente, casarse y tener una familia con cuatro vástagos, dos niños y dos niñas, lindísimos. El se hizo atracador de bancos y su nomadismo social no les impidió matener educados a sus hijos porque les daban clases particulares y les escolarizaban los meses requeridos hasta que debían escapar a otro lugar.

-Hola, Johny. He soñado contigo y he sido muy feliz.

-Yo tambien, querida. Acabo de comprar sopas Cambell. Espero que sean como me han contado.

-Yo las he probado y es una comida exquisita.

-Hoy no puedo seguir la conversación más de lo necesario. Me espera Lucy, nos casamos en breve, como ya sabes, y debemos hacer los preparativos de la boda. A ver si asciendo de escala, es la hija del encargado de mi empresa.

-Nos veremos, de todos modos, un beso -dijo sollozando Lady, a punto de separarse ambos.

.-Espero que si, porque no vamos a cambiar de domicilio.

Se hizo de noche y las estrellas rutilantes del cénit noctámbulo sonreían con sorna estudiada a los dos enamorados mientras la Luna les miraba a contrapelo, no fuera que se atrevieran a contravenir las reglas. Lady Apertura y Jonhy Celeste, no obstante, se habían atrevido a darse un beso largo y con lengua antes de irse.