algo distinto

Photo by Sunyu Kim on Pexels.com

Las nebulosas, como nenúfares del aire,

sorprenden a quien sabe observar

un nuevo cielo

que clarea el mar.

Es un paisaje de niebla gris transparente,

donde los sueños penetran

solo si eres inteligente.

Me senté en el parque

sin pensar en nada más.

Entonces los bares hablaban silenciosos,

y las místicas aves voladoras

avisaban de lluvias de prematuro invierno.

Quise escapar de la metralla

sin dilucidar que de nada valen las huidas.

Que los acorralamientos solo existen si crees en ellos

desde la ceguera del cíclope negro.

Y que las medallas se otorgan

en pleno camino,

no así a la llegada.

Porque el destino lo vamos escribiendo

desde los corazones de bebé,

cuya papilla es el teatro de la vida

lleno de parques insondables,

bares silenciosos y aquietantes

y aves que surcan un cielo de despertar,

Me quedé allí mismo,

tiritando de frío,

desangelada por la incertidumbre.

Un gorrión se posó sobre el estuco del bordillo,

para referirme el cuento de la mañana difusa,

que se aclara con los pasos hacia un destino infinito

que construímos todos los días con esfuerzo e ilusión.

Recordé que no era un café en la terracita lo que quería

sino dirigirme al todo a cien de los chinos,

a comprar dos velas blancas

para rezar por los que ya no están.

En ese súbito momento no percibía nada más

que el viento y la lluvia con sus gotas acariciantes.

Que el próximo destino lo decidiría en el mismo momento.

Ya no volví más al parque de mi barrio

sino al centro de la ciudad,

para explorar experiencias religiosas.

A lo mejor ocurriría algo distinto.

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