La mano amiga existe -. reflexion personal

Aviso para navegantes, escuesto, relajado pero contundente:

Sea a través de la solitud o de la soledad, cada cual tiene su experiencia vital en el día a día, sea mediante la rutina, el trabajo asfixiante y demoledor, necesario, por otra parte -me acuerdo de los sanitarios, celadores, enfermeros, administrativos de atención primaria y del servicio nacional de salud, también de los transportistas, de los limpiadoras y limpiadores, de los trabajadores de mantenimiento, de los comerciantes y los propietarios de pequeños negocios, de los asalariados y dueños de cadenas y de cafeterías, en definitiva, del sector hostelería y servicios, todos aquellos trabajadores esenciales, las familias con hijos de cualquier condición, una persona en precariedad y cualquier persona que piense en la situación en la que se encuentra bajo determinaciones variadas y variopintas, que para eso somos personas- me acuerdo, como digo, siendo de una forma o de otra, de todos nosotros y me explayo para significar sinceramente:

Cuando estés en una encrucijada, en proceso determinante a la hora de tomar decisiones o imbuido o condicionado por una circunstancia contradictoria o sencillamente cambiante, piensa en la fe en ti mismo. No es un mero cliché cognitivo. Tampoco un axioma, no creo demasiado en las verdades falseadas o paradigmas del conocimiento, a no ser que sean creencias contrastadas por mi o constituyan leyes materialistas o verdades más o menos objetivas. Pero sí que estoy convencida de algo que sin ser más que una verdad relativa personal, autoatribuida, me funciona:

Siempre hay alguien que nos cuida, que en un momento dado nos echa una mano, puede ser un compañero, un amigo, la pareja, un desconocido que empatiza contigo, una figura de autoridad o institucional de un rango similar a un médico, a un abogado, sencillamente un asistente social, o alguien que en un momento dado había concertado una cita legalista contigo. Sin complicarse mucho, una persona cualquiera que ve en tí un atisbo de reciprocidad y te devuelve el guiño de complicidad, aunque sea por unos escasos segundos, o a través de una mirada, o de la verbalización. Esa persona ha hecho lo que tenia que hacer y tú tambien. Hasta la siguiente experiencia, sin necesidad de esperarla, tan solo teniendo fe en tu identidad como persona con dignidad.

Un saludo y espero haber hecho reflexionar, cuanto menos, a mi conciencia a través de este argumentario, que os recuerdo, conceptualmente particular, procede de mi pensamiento y mi praxis, no os lo toméis al pie de la letra, si no queréis. Pero, a veces, por asociación de ideas, por empatía, afinidad o analogía con algo parecido que te ocurrió un día, puedes estar más o menos receptivo a un mensaje de alguien que reflexiona, como todos vosotros.

Photo by Ketut Subiyanto on Pexels.com

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