Yo soy reflexiva, ¿Y tú?

Mucho se habla de los cambios profundos en la sociedad y en que, dada la coyuntura, nada volverá a ser igual.

¿Os acordáis del mito de la Caja de Pandora? Sirva como analogía figurativa, una especie de alegoría que me gustaría expresar casi poéticamente para luego extraer una conclusión o semiresultado. Si, también me invento palabras, por derivación, prefijo+ sustantivo, semiresultado. Es decir, que no existe plena certeza.

Volviendo a la mitología griega, os recuerdo que tiene que ver con el mito de Prometeo. Veréis: Prometeo era un titán dentro de la jerarquía de seres del Olimpo, encabezado en su gobernanza por Zeus, como todos sabemos. El castigo que recibió Prometeo por robar el fuego de los dioses para regalárselo a los hombres fue ser encadenado y durante cada día le era comido el higado que se regeneraba por la noche con lo cual resultaba un suplicio. Por su parte, su hermano Epimeteo recibió como regalo Pandora, una compañera creada por Hefesto a partir de la orden de Zeus. Esta y Epimeteo se casaron. Como regalo de bodas, Pandora recibió una caja, actualmente se refleja como tal, si bien, otrora se consideraba como una especie de tinaja, la cual, contenía todos los males del mundo, siempre bajo la estricta advertencia de que no la abriera bajo ningún concepto. Pero motivada por la curiosidad, la abrió en una ocasión desatando la maldad en la forma de todos los males posibles, incluyendo el odio y la enfermedad, Para resarcir la catástrofe, Elpis, la llamada Esperanza, fue lo único que quedó en su interior, el único bien que los dioses habían querido implementar. De ahí proviene la expresión: «la esperanza es lo último que se pierde», por tanto, hemos recurrido a la etiología, al origen del mito para expresar algo que nosotros solemos invocar en determinadas ocasiones, a veces, por desesperanza, por desesperación o quizá por el hecho de que existe una tendencia a mantener el equilibrio entre lo bueno y lo malo y tambien hacia el positivismo frente a un hecho desgraciado.

Y con el mito, que en sí mismo no es más que una alegoría preciosista de la etapa anterior a la aparición de la filosofía en Grecia, como guía espiritualista y vitalista, tenemos una asociación que no creo que sea demasiado peregrina, porque la misma enseñanza del mito nos hace reflexionar acerca de la virtud, la esperanza. De la que también se hace eco el cristianismo y el catolicismo cuando le otorgan el valor de virtud teologal. Son tres las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

Retomando la esperanza se aviene la actitud atributiva de no perder demasiado los papeles a la hora de juzgar o de sojuzgar acontecimientos que no podemos en absoluto mantener bajo control por mucho que nos lo propongamos incluso recurriendo a la ciencia y a la materialidad de los datos casuísticos, el orden, los parámetros de medición y los criterios de objetividad matemática. Que ayuda sobremanera. Y que es poco probable que sean adulterados y manipulados cuando se ofrece información detallada inculcada regularmente con una frecuencia poco usual en otro tipo de consideraciones del pasado, haya sido el hecho que haya acaecido nunca, Lo cual quiere decir que nos encontramos ante una situación extraordinaria. Si pensamos que es una situación límite aun cuando sea o pueda serlo, dramática, trágica, estamos sobredimensionando hechos que no se pueden anticipar en demasía.

Ante estos tintes de futuro impredecible, al menos, a corto o a medio plazo, la prudencia es lo mejor y el sentido común.

Claro que han cambiado cosas y maneras y formas de sentir. Y hemos tenido que recurrir a la adaptación más precisa y concreta respecto del entorno, pero siempre guiados por criterios epidemiológicos. No lo olvidemos nunca. Incluso si no estamos de acuerdo con los datos que se nos ofrecen.

La adaptación al medio es un hecho en psicología y en psicología social existen numerosos estudios acerca de cómo se comporta un grupo o colectivo entre sí o unas personas interaccionan con otras, dados una serie de estímulos para llegar al resultado de que por regla general el sentir colectivo es imitable por naturaleza o por lógica natural. Tendemos a imitar a quien tenemos al lado si la reciprocidad entraña una empatía o una simbiosis o sencillamente observamos que es más seguro hacer lo mismo que el resto.

Lo que quiero decir con todo esto es que la vida no puede cambiar tras miles y miles de años en cuestiones básicas, como el instinto de supervivencia y la adaptación al medio, precisamente han sido los garantes de la evolución como especie, teniendo como instrumento biológico la selección natural, pongamos por caso, si seguimos los postulados de la teoría darwiniana. No quiero introducir demasiadas imágenes ejemplificadoras o pragmáticas, porque entonces nos descentra de lo que verdaderamente estamos analizando y del nódulo central del problema. Pero si existe resistencia a los cambios, estamos comprobando que es debido a una ínfima minoría que no siguen las normas de salubridad e higiénicas, medidas repetidas hasta la saciedad por su mismo indicador de necesidad. Por algo es vital que se hagan taxativamente. Para evitar el incumplimiento y así poner en riesgo la salud colectiva y la de uno mismo.

Lo mejor es mostrar una actitud positiva, conciliadora, incidir en buscar cómo nos podemos sentir mejor y cómo adaptarnos mejor al medio que aunque resulte un tanto más hostil ya vamos conociendo con gradualidad. Por llamarlo de alguna forma.

Si os fijáis las artes y el saber, la ciencia, no han cambiado su metodología. Seguimos estando sujetos al método científico en investigación, también en el tema de la pandemia.

Puede que hayan cambiado ciertas formas de expresión pero no la esencia del arte mismo ni las técnicas artísticas. Dicho a modo de ejenmplo. Si los canales por los que pueda fluir. Pero no me diréis que bajo ningún concepto son cambios sustanciales. SON ADAPTACIONES.

Tener un leitmotiv o especificarse ante uno mismo la mecánica de repetir mantras, slogans, consignas cortas, que nos hagan crearnos condicionantes positivos y beneficiosos, ayuda a sobrellevar una situación que tampoco podemos confirmar al cien por cien que vaya a ser para siempre, que se convierta en estructural.

Yo reflexiono, ¿y tú? Así como trabajar se ha modificado en áreas específicas recostumizandonos por medio del teletrabajo en determinados sectores y profesiones, así es como debemos de ir actuando ante la vida, a la espera de la tan ansiada vacuna y/o de un tratamiento eficaz.

Seguimos estableciendo grupos de afinidades, seguimos formando familias, celebrando cosas, casándonos, también, dentro de unos protocolos… Por tanto, confiemos en el futuro. No lo anticipemos ni lo intentemos adivinar, mucho menos recurrir a la mera atribución negativa.

No sabemos qué ocurrirá dentro de dos años, pero podemos ir evaluando cada quince días o en períodos relativos a la epidemiología lo que va a suceder en función de qué supuestos que sabemos que pueden ser fortuitos, Y aun así, el control de nuestras vidas, en última instancia dependerá exclusivamente de nosotros. En última instancia.

Espero haber aportado algo positivo. Gracias por leerme.

2 comentarios en “Yo soy reflexiva, ¿Y tú?”

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