¿Nada cambia? pregunto la homeostasis transicional…

-¿Nada cambia? -Me preguntaba incesantemente la homeostasis, muy segura de sí.

Y yo intentaba responderla (la percibía como identidad femenina, aun no sé por qué, a día de hoy). Quizá por esa sensación de arrogancia suspicaz que siempre me habían producido mis propias compañeras de cuerpo y de mente.

Mística corroboraba con esas extrañas palabras lo que ya deducía ella misma de su propia persona: observadora procaz, perfeccionista, inteligentemente analista, a pesar de no haber llegado aun al ecuador de su vida.

Y este narrador confirma dicha apreciación. Por algo soy omnisciente. Y la conozco de tiempo. Lejos de echarme flores, dejaré que prosigan ambas figuras. Luego recogeré todo y me dejaré publicar en el blog por su autora.

.No puedo expresar desde la objetividad lo que siento por tí, Homeostasis. No es un odio profundo, créeme, yo no odio a nadie. Es todo lo contrario. Solo asumo la derrota desde la más pura aceptación. A ver si así te largas de una vez y me dejas vivir en paz. Llevo muchos años con esta problemática; es como decir que continúo nadando sin que la corriente del río amaine, ni fluya en el otro sentido. Dejándome llevar. Así que lo que voy a hacer es pedírtelo por última vez. En esta ocasión, recurriré a la connotación, a la denotación, a los recursos estilísticos, a lo figurativo… ¿Te parece bien?

-No sabes cuánto me alegraré de conocer tu posición frente a mí desde esa conceptualidad tan preciosa ¿Con que un poema, eh? ¿Otro más? Te escucho -expresó con cierto sarcasmo la Homeostasis.

-Jajajaja ¡qué diplomática eres! A lo mejor te derroto y todo.

Destruyes,

yo me instruyo.

Entristeces,

yo me río como los niños barbilampiños.

Acallas bocas propias y ajenas,

yo me pronuncio, siempre.

Mientes solapadamente,

yo voy de cara continuamente, persistentemente,

con la cabeza bien alta, como una avestruz aguerrida,

sacando cuello y pecho. Yendo por la frondosa pradera

sistémica del sentimiento.

Así soy yo, jocosa, habladora, sociable, salerosa y aguantable,

presurosa cuando toca, como los caracoles en verano,

en medio de un charco que rebrota al ser pisado por ranas graciosas,

tras una lluvia matinal, que circunda un arcoiris futuro de paz reconfortante.

Yo soy así, reflectante, resiliente, remanente, reforzadora, rebatible, redomada, no reencorosa, resituada, reformadora, real, rutilante,

deliciosa, amorosa, cariñosa, soy todo lo contrario a una serpiente con cicuta coronada.

Por eso, mi trabajo es aceptarte solo cuando duermo.

Palabra. Palabra de honor.

Verás, dice la RAE:

La homeostasis es un conjunto de fenómenos de autorregulación, son los que permite el mantenimiento de una constancia en la composición y en las propiedades del medio interno para un organismo de una forma relativa.

Y yo me lo creo en dicho contexto general.

Pero te digo más:

No importa la cadencia lenta y pesada de los acontecimientos.

Estructural no significa para siempre.

Por tanto, vete.

Ya no te siento.

Y tú me preguntas: ¿Nada cambia?

Y lo único que aprecio es el presente que me rodea,

como un látigo bueno,

como el campo en flor, como el amanecer del paisaje, como el jardín

siendo baluarte, como un día soleado aunque haga aire,

como aquellos espartanos que vencieron con su arte épico,

en el fragor de la batalla, porque nunca perdieron.

Y lo acepto. Que el vivir es el día a día.

No importa la desidia,

ni el qué dirán.,

No importa el apego, ni la ansiedad.

Por fin, los príncipes de los sueños reales se transmutarán por las calles y las aceras venideras, sin preguntar, sosteniendo en una mano una flor y en la otra un libro. Y pasearán, invisibles, pusilánimemente amigos, entre las mayores adversidades, sin miedo, solo con el valor objetivo de acompañante. Y un suspiro. Y besos. Y latidos.