CANDHU, EL UNICO

Candhu se endosó su traje espacial flotador configurado para las salidas afuera de su nave, “Mística”, y se dirigió al huerto exterior interestelar. En realidad, para él un traje espacial era mucho más que el convencional del antiguo siglo XXI. Se trataba de un conjunto de equipamiento completo conformado por una nave individual, esto es, con aforo para una persona, erigida con cerca de veinti y pico capas de materiales diseñadas para protegerle en el espacio exterior. Lejos de su nave nodriza, recorrió con parsimonia la cápsula a través del hilo conductor gradiente que le conducía a otro conducto cuadrangular siamés donde se encontraba el jardín.

En aquella escafandra presurizada estaba seguro porque incluía dispositivos de control de todo tipo y tubos de evacuación pues éstos permitían orinar y defectar al astronauta sin que las funciones fisiológicas naturales supusieran un peligro de fugas de oxígeno o de entradas de elementos exógenos o patógenos imprevisibles.

Había encontrado un estrato subcapa en una de las lunas de la galaxia Musaca, equidistante a miles de millones de años luz del sistema solar donde cultivar tomates, brécolis, patatas, nabos y lechugas los cuales nacían y se desarrollaban con semillas alteradas genéticamente, algo parecido al material sintético y, sin embargo, a pesar de su similitud con los frutos de la tierra natal, crecían y se desarrollaban a un tamaño mucho mayor. Y, con todo, salvando la baja presión, el frío y la radiación atenuados por una cúpula en forma de vitrina gigantesca que cubría como un manto el aire insuflado por los expositores de aire y gas, emulando a los de nuestro planeta.

Cariacontecido, seguía sin entender, guiado por sus estudios, por qué el ácido del tomate producía extraños bichitos parásitos que los dañaban seriamente. Realizaba analíticas de la vegetación, de los limoneros, naranjos, verduras, incluso forraje que había traído como muestreo para que se integrara en el micro-espacio invernadero.

Solo. Candhu había aprendido a vivir solo. Desde hacía diez años. No había observado jamás de los jamases ningún avistamiento, ninguna nave o conato de vida alienígena el tiempo que llevaba allí. Como habréis podido observar, su mayor hobby era el cultivo vegetal. El propio de los campesinos. Pero adaptado a la rareza del escenario espacio-lunar. Su nave madre estaba ubicada en una de las cinco lunas del planeta bautizado por él como Solitus, en la galaxia de Musaca, seguramente todavía desconocida. Los datos proporcionados a la base espacial de la Nasa conectada a Houston, no parecían disponer de respuesta retorno por parte de ningún técnico o profesional de la ingeniería espacial. No le preocupaba en absoluto. Tenía su bonito huerto, aun cuando le agobiara sobremanera la problemática de sus tomates gigantes infectados; por otra parte, sabía que su existencia estaba determinada por su audacia a la hora de mantener vivo el entramado y la superestructura estratégica montada encima del satélite. A ciencia cierta, no ignoraba que además de vivir solo, moriría también solo. Había superado el tiempo de permanencia de muchos astronautas, allende las películas de ciencia ficción Hollywoodienses, por ejemplo, un caso conocido y relevante era el de Guenaddi Pádalka, o sea, habiendo superado los 804 días en el espacio, traducido a dos años.

Pero en su caso, Candhu había alcanzado el decanato, tras ser engullido por un agujero de gusano terminando por aterrizar en lo que se conoce como universo paralelo y había sobrevivido. Hasta el momento y para pasar el rato, aparte del cultivo, no dejaba de evocar recuerdos ancestrales, con la relatividad del tiempo como acompañante, cronológicamente hablando, pero con las dudas propias de su vivencia interior y exterior y que consideró finalmente que no era más que una percepción del más allá; siendo así la mayor parte de su consciencia, habiendo asumido de forma sencilla que todo lo que veía y observaba, sentía y experimentaba, se fortalecía en una especie de concepción alegórica de su propia mente. El alma es imperecedera y puede que una ilusión del propio estado karmico. -¿Lo llegaría a descubrir o no sería necesario?- Pensó en numerosas ocasiones. De todos modos, Candhu se sentía tan feliz y pletórico que no le importaba nada más. Roger Candhu, el único.

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2 comentarios sobre “CANDHU, EL UNICO

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  1. Me ha recordado mucho a The Martian de Matt Damon, al que más o menos le ocurre lo mismo en la película. Me entra una duda existencial si me ocurriese lo mismo ¿tiene sentido vivir por vivir, sabiendo que nunca más volverás a ver a nadie y que no podrás salir de allí? De algún modo me recuerda a los parapléjicos postrados en una cama que terminan pidiendo la eutanasia como una muerte digna. hablas de lo fuerte que puede llegar a ser la mente, pero sabiendo que no hay esperanza de revertir tu estado… ¿cuánto aguantarías así?

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  2. Hola Raude,
    Me alegra verte en este blog reciente.
    La comparativa que haces es parecida en algunos aspectos, pero creo y hablando en concreto de la capacidad de la mente humana de resistir, considero que eso depende de cada cual, cada persona es un mundo. Mayoritariamente, pienso que se aguanta, se aprende a hacerlo. La vida física o la que tienes a no ser que tengas demasiadas limitaciones en cuanto a libertad de movimientos y de pensamiento es apreciada aun cuando estés en condiciones muy adversas. Te propongo que investigues acerca de la llamada resiliencia, la aplican como concepto de resistencia extrema en casos como los supervivientes de los campos de concentración nazis. Se dice que muchos niños la tienen de forma natural y luego a medida que crecen pierden esa capacidad o gran parte de la misma.
    En cuanto a la película, sí, me inspiré en ella.
    Me has hecho reflexionar, muy interesante tu comentario. Gracias por leer y visitarme.
    Un abrazo

    Me gusta

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