VIDA

No sabiendo, ni sé que hay más allá de agosto…

Certezas no existen, el día a día… planeándolo todo…

prisas, estrés, lluvia de estrellas fugaces.

Soy la vida, eres tú.

Me anima el cotarro de las fiestas,

el sol se vislumbra alto y se pone más tarde.

El calor ya nos acompaña.

Y la metodología falla. Como por arte de magia,

si no contiene fórmulas.

Es la vida, soy yo.

Coches, escaparates, fallas, petardos de todos los colores.

Septiembre vendrá a buscarme, octubre, noviembre, diciembre…

Y aun no sé que hay más allá.

Incertidumbre, realidad, dos planos y un prisma asociativo, lleno de sospechas…

La vida acecha, como el detective que busca al espiado. Si no sabes

aceptar.

Hay gente alrededor, miran de soslayo. Enfrente, comercios,

el andén del metro, un mercado, acompañamiento singular. Marea ciudadana,

un vendedor de lotería, ideas vanas, primitivas, las de los perros y gatos callejeros que buscan comida.

La noche caerá y caerán los cuerpos rendidos por el trabajo asalariado. O quizá por brillantes cálculos de mercado, o inventarios que no ofrecen una facturación acorde.

Son fallas y no entiendo el por qué de los fallos y las eternas multiplicidades. En la majestuosidad de la incognoscibilidad. Mientras no sonría a lo que viene.

Menos mal que hace buen tiempo. Y el orden cronológico se sucede,

mientras los músicos tocan y la farándula misantrópica contempla desde afuera. Son las cosas del querer. Como yo, es la vida, ya lo sé.

Churros, buñuelos, pañuelos, muchachuelos, todos sonríen al aire.

Mientras el sol se esparce por el horizonte avispado. El indomable poeta Halley suena de nuevo. Una canción reveladora.

Mientras no llueva habrá alegría, piensan, barruntan, encogidos, esperanzados, los destellos de luz.

Y entonces, solo entonces, vuelvo a considerar ser pacífica y soñadora,

y hacer caso a la vida y al cometa, al poeta y al asceta. Mi poeta Halley.

Como dos y dos son cuatro, mi planeador me ha ayudado.

Vuela por el cielo desgajado, estrellado y nuboso, resarcido de los malos humos de abajo, de los vehículos y el ruido.

Pero cuando pienso que es la vida, que soy yo,

y que vendrá el fuego purificador,

solo me resta discernir que el morir es el nacer.

Que el pasado nos es dado, que el futuro es invisible,

que el presente es lo usualmente anillado,

que el fluir es la verdad, lo contemplado en el momento.

Desde la óptica de la naturaleza en movimiento.

Lo dual, qué arte es hacer de la vida un pliego,

un manual gnoseológico.

Es la vida, eres tú, el conocimiento.

Y comprendemos que al final

el estrés es una quimera maldita,

en el imaginario colectivo.

Yo solo pasaba por aquí y dejando mi huella impoluta

vislumbré el jardín de las delicias

y una gran simbología.

La vida es alegoría, eres tú, soy yo, es alegría.