La sincronía de las cosas

Compañeros de batalla,

compendiad los éxitos en la lógica,

adelante, adelante,

en los justos momentos en que nada ocurre,

en los oasis y en los hechizos rutinarios,

en los desastres.

Besos y abrazos sinceros claman.

En medio de la catarsis del misterio,

una puerta se abre,

cogiendo aire en el recuerdo,

pero siempre nos quedará Paris,

un rayo de sol

y la esperanza.

Caja de Pandora no falla a los deseos,

y aspiramos aire impoluto y

cogemos forma de pájaro sereno,

en la inmediatez del viento y las tempestades,

también de la claridad del firmamento.

Y el despertador suena

mientra levantamos los brazos en nuestros desperezos,

y afuera buscaremos a los maledicentes y goliardos.

Y los venceremos resarcidos y resguardados en un nido de calor de cielo.

Y resurgiremos como el Ave Fénix,

grandilocuentes y risueños,

apaciguados.

En la carrera de los cien metros lisos

o en el triple salto.

Saldremos al espacio infinito con una sonrisa sin fango,

con los zapatos enlustrados de brisa bohemia y claqué,

teatro romántico y la pureza de un café en el bar.

Nosotros, adelante, adelante.

He vuelto donde solíamos cantar y bailar

y me he encontrado un banco de imágenes graciles,

como en una infancia atemporal desplegada.

El rencor y el odio cabalgaron hacia el infierno,

y donde solía haber metal y sulfuro

ahora hay oxígeno e hidrógeno

tras la quema purificadora.

Y con las manos y en vertical y en transversal,

en un punto medio del corazón y la mente,

allí donde solíamos gritar,

me abrí paso entre la multitud,

nadie me prestaba atención

en el capitalismo aciago, individualista.

Porque yo me fui con los míos.

Ya hay paz al menos,

en la contienda rehabilitadora

y en las conciencias inteligentemente hacedoras.

Y la luz de la mañana me acompañó anacrónicamente,

por el sendero del trabajo y lo amistoso.

Namasté era poco, sobre todo, fue así para siempre.

En la sincronía de las cosas.